Era su primer concierto del año y el cantaor mostró estar muy a gusto desde el primer minuto que estuvo encima del escenario. Miguel Poveda, un badalonés payo, volvía a Asturias mucho tiempo después de su última visita con más años y más sabiduría si cabe de la que le conocíamos.
El recital del cantaor, enmarcado dentro de los actos del 400 Aniversario de la Universidad de Oviedo, no era gratutito, dieciocho euros debieron de abonarse en taquilla y, sólo por eso, el Teatro Filarmónica no se llenó como hubiera merecido el artista.
Rascarse el bolsillo resulta muy duro cuando se trata de la cultura, acostumbrado el público al ‘circo’ gratuito subvencionado por las instituciones públicas, un mal que en el Principado ha provocado que la iniciativa privada a la hora de programar actividades musicales brille por su ausencia.
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