Kiss Each Other Clean

Iron & Wine, el proyecto unipersonal de Samuel Beam, es posiblemente uno de los grupos más apreciados por la crítica de manera más unánime desde su debut en 2002 con The Creek Drank the Cradle – y que tenía uno de los artworks con más encanto de los últimos años. En su tracklist encontrábamos pequeñas perlas como ‘Lion’s Mane’, perfecto representante del estilo folk que iba a teñir coherentemente la gran parte de su carrera en años posteriores.

Tras casi una década de carrera aplaudida y con un colectivo fiel conseguido a base de sus composiciones delicadas y su estilo íntimo, acústico y carente de la pretenciosidad de la que a veces pecan algunos artistas de indie-folk. Precisamente esta aparente simplicidad fundamentada en una habilidad e instinto descomunales a la hora de componer es uno de los rasgos más apreciables de cualquiera de sus discos. Sin embargo, en su nuevo álbum, Kiss Each Other Clean, sin abandonar por completo las raíces de su estilo, ha camuflado sus mejores virtudes bajo una instrumentación densa y poco orgánica en algunas ocasiones.

Fantástico acercamiento al jazz

La evolución es posible. Es posible acercarse a otros estilos anexos al que se ha practicado y ha definido toda una carrera y buscar puntos de unión que hagan razonable y coherente esta evolución. El proceso de Iron & Wine en Kiss Each Other Clean es una muestra de que el camino no es necesariamente forzado o pretendido, sino una desembocadura inevitable tras años de exploración.

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