Mumford & Sons son carne de escenario. Verlos en directo es una experiencia más que recomendable, sobre todo una ayuda para quitarse ese frecuente prejuicio de que una banda de folk con contrabajo y prácticamente sin percusión pueda petarlo ante el gran público. Yo era una descreída en ese aspecto, pero tras verlos la tontería te dura poco. Babel, su segundo disco, podía tildarse de apuesta segura. Llevan girando con temas que finalmente han llegado a su tracklist durante meses, algunos llegando a convertirse en imprescindibles en sus conciertos, no simplemente un tanteo para ver qué meter en el álbum y qué no. Parecía imposible fallar, visto así. Y si bien este trabajo no entra en la categoría de fallos capaces de condenar una carrera, sí es un jarro de agua fría por momentos.
Quizá suena a incogruencia. Mumford & Sons tiene en este Babel temas que, en directo, brillaban por completo, impacientaban a sus cohorte de seguidores en pos de un nuevo disco donde poder disfrutar de ellos. Algunos han sido mutilados de una manera clamorosa, con respecto de sus versiones en directo, algo que me parece un fallo garrafal. Parecía que este experimento de girar con temas nuevos, hasta el punto de que más de medio tracklist nos era ya conocido, era positivo a la hora de plasmar en el estudio lo que habían logrado en el escenario. Pero nada más lejos de la realidad.
Babel, repitiendo errores del pasadoParticularmente decepcionante me parece lo que han hecho con la que me parece una de las mejores canciones que han salido de la pluma de Marcus Mumford. ‘Hopeless Wanderer‘ sonaba así de bien en Glastonbury. Muy bien sonó también en el FIB, cita a la que acudí con muchísimas ganas y de la que no salí decepcionada, más bien todo lo contrario. Aupé a los altares a Mumford & Sons y le puse velas a la estampita del banjo de Winston Marshall para que sacaran el disco pronto.
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