Taylor Swift se ha convertido en un fenómeno desde que su segundo disco, Fearless, vendiera seis millones de copias por todo el mundo y se convirtiera en una competidora en la carrera del mainstream con un sonido más cercano al country que al pop y a la electrónica que distinguen al resto de corredoras y que a la vez, las hacen cortadas por el mismo patrón.
Sin embargo, hay algo que diferencia notablemente a Swift del resto de las chavalas, y no sólo es el estilo en el que tan bien ha sabido prosperar. La crítica, en términos generales, ha dado su visto bueno tanto a su sonido como a su habilidad para la composición de las canciones de sus discos, tarea a la que se dedica personalmente y en la que, según sus palabras, plasma sus diferentes experiencias vitales.
‘Mine‘ es el single con el que presenta su tercer disco, Speak Now, con el que espera consolidarse como algo más que una cara bonita. Y es que pese a la comparación inevitable con la – para mí – odiosa Miley Cyrus, Swift no atufa a producto prefabricado. Hacer carrera en la música comercial tiene muchos contras, no nos vamos a engañar, pero su apuesta por un sonido más tradicional y sobre todo por ese punto country que está tan poco explotado por estos lares – en Estados Unidos es el pan de cada día -, hace que, al menos sobre el papel, goce de cierta originalidad y del beneplácito de crítica y público.
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