La de Tiny Vipers no es una apuesta precisamente cómoda. Jesy Fortino se encarga, en solitario, de crear una atmósfera claustrofóbica, donde la soledad suena justo a vacío existencial, como si ella fuera la única persona viva sobre la tierra y lo único que quedase fuese su voz en el viento. Como ella mismas se encarga de cantar en los diez minutos de la canción titular, Life on Earth habla, justamente, de la ausencia de vida en la tierra.
Tiny Vipers se convierte así en un grupo enamorado de su propio vacío, encantado con su falta de compañía. El ambiente es árido, la producción da mucha importancia al eco, al sonido que rebota y que adorna (sin más instrumentos) la guitarra y la voz (ajustada al canon de cantautora) de Jesy Fortino.
El problema es que, en un disco así, Tiny Vipers no se atreven a dar el paso final: puesto que las canciones quieren pintar un paisaje extremo, el sonido también debería buscarlo. Pero el folk de Fortino es demasiado cómodo, demasiado suave: te mece, en vez de provocarte pesadillas.
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