El ladrón de sueños

La del pasado viernes era una buena noche de rock, quizás la primera cita importante del año, que venía de la mano de Avalanch. A causa que la actuación estaba enmarcada en la fiesta de una conocida web heavy, el comienzo del concierto se demoró hasta las 12 de la noche.

Fue entonces cuando el público, bastante menos del que me esperaba, media entrada a lo sumo en la sala Acapulco, recibió con una gran ovación al grupo asturiano en medio de una intro a la que siguió ‘Lucero’. Buen comienzo que hacía presagiar una estupenda velada de rock duro pero ésta fue todo un fiasco más que nada por el pésimo sonido que ofreció la banda. No entiendo muy bien cómo Avalanch, que tiene un prestigio y un caché se puede permitir este desaguisado.

Y es que un pitido insistente, molesto e incomprensible aparecía y desaparecía en todas las canciones. Yo estaba al lado de la mesa de sonido y la persona que estaba delante de ella era incapaz de arreglarlo e incluso le escuche decir que no sabía la causa.

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