No me he sentido nada cómodo escuchando Iván Ferreiro que, en vez de hacerse más accesible, parece haberse envuelto en una concha cualquier caracol enfadado con el mundo. Y eso es bueno y es malo a la vez.
Bueno para los seguidores que le siguen tolerando esa producción críptica, apta únicamente para iniciados que a los que no están en su mundo personal le tira para atrás de primeras, y si me descuido de segundas también.
Iván Ferreiro hace lo que le da la gana y encima no parece que le vaya mal. Aunque Picnic Extraterrestre no se parezca en nada a Canciones para el tiempo y la distancia y un poco menos a Mentiroso, mentiroso.
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