Odio Paris (2011)

Perdonad que a costa del debut de Odio París tenga que empezar con una historieta de abuelo cebolleta: Allá por el 94, cuando algunos éramos (más) jóvenes, nos enganchamos a la retórica lírica y musical de Los Planetas de Super 8. Nuestra adicción era tal que buscábamos en otros grupos reflejos de ellos, creíamos que alguien podía salir para darnos lecciones de amor, ruptura y sentimientos en forma de noise-pop de la misma manera que los granadinos.

Fracasamos en esa búsqueda, al menos en España, fracasamos como cuando te deja una novia y te lías con otra porque te recuerda a ella. Nunca encuentras lo que necesitas, porque cada cosa ha de ser irrepetible. No es que segundas partes nunca sean buena, sino que han de sostenerse sobre sí mismas y no sólo sobre el recuerdo o las huellas de lo anterior. Pienso, por ejemplo, en grupos como Cecilia Ann y en cómo se miraban en el espejo Planetas. O en la primera parte del Largometraje de La Habitación Roja. Querían darnos eso, pero estaba demasiado cerca y se quedaban a medias (o con sólo un cuarto de camino recorrido). Y, bueno, lo sabíamos aunque a veces lo fingiésemos.

La difícil tarea de enfrentarse a las contradicciones

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