Beach House

Según escribo esto, nieva en Logroño. Sí, a finales de marzo. Lo hace con esos copos gigantes de la nieve primaveral, que en cuanto tocan suelo, se hacen agua. Y es curioso que vuelva a sonar, por enésima vez desde hace un mes, el disco de Beach House. Porque su música es eso: nieve de la de primavera. algo helada, pero de tacto suave y efímera sólo en un primer momento. Porque calarte, este disco te cala hasta los huesos. Pero da gusto que lo haga.

Recuerdo esa sensación. La provocaban también los discos de Mazzy Star. Los de Galaxie 500 hacían lo mismo, pero hasta ponerte los pelos como escarpias. Y los de Low, desde una perspectiva aún más lenta. Son tres de mis bandas favoritas. Dos de ellas, las últimas, me enloquecen hasta decir basta, hasta el punto de seguir todos sus pasos, incluso los tropiezos más absolutos. Así que es lógico que Beach House me llenen. Y lo hacen con un disco al que se le pueden poner muchas pegas, pero casi ninguna se sostiene.

Sí, es contemplativo. Y puede parecer algo frío. ¿Apático? La sensación puede ser ésa. ¿Que no recuerdas una sola canción después de que haya terminado? Sí, eso es cierto. Pero da igual. A veces me canso de tanto estribillo chicle, de canciones continuamente metidas en mi cabeza, y me apetece un disco de sensaciones. De los que te rompen y te recomponen en 44 minutos. Devotion es de ésos.

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