Departing

Hay algunos grupos que por razones no demasiado racionales desprenden “el carisma de los feos”: no sabes por qué pero son entrañables. En esto del indie se suele prestar más atención y protección a aquellos grupos con orígenes curiosos, con líderes carismáticos o que representen, por el contrario, a antihéroes (¿deberíamos incluir aquí defectos estético-sanitarios?), o grupos pequeños, de apariencia amateur, con los que empatizar más claramente sobre el sueño de convertir una afición en tu profesión y alcanzar el éxito (que, en nuestros días, consiste en vivir de la música, y poder hacer giras internacionales que, de paso, te permita viajar por muchos países).

En el caso de The Rural Alberta Advantage, se dan varias de estas condiciones. Autoeditados (en un principio), y canadienses (aunque desde la explosión de Arcade Fire ya se tiene más en cuenta), con una alineación particular (batería – percusionista/teclista – guitarrista), y con el encanto de la música hecha en casa como disfrute personal y que, ya posteriormente, al expandirse fuera de su entorno, mantiene esa magia primigenia.

El caso es que Hometowns fue un sleeper, que con el boca a oreja fue llegando a nuevos reproductores, y, a aquellos oyentes que convencía, los cautivaba. Su música desprendía ese magnetismo propio de los descubrimientos furtivos, de la empatía que busca el adolescente inadptado, de sentirse un ‘melodramatic fool’ y reconocer su historia personal en series como Dawson’s creek o Friday Night Lights (incluso forzando, Anatomía de Grey). Y, para bien o para mal, Departing comparte el mismo espíritu. El mismo perro, con collares nuevos, pero muy similares.

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