The Shins

Ya les avisamos el año pasado y supongo que como buenos y sumisos lectores que son, nos harían caso y ya suena en su vida el Wincing the night away de The Shins. Si no lo hacen todavía deben saber que ya hay cerca de 200.000 seres humanos que con su disco en la mano cantan felices las últimas genialidades del señor Mercer y compañía. Deben saber que en el mundillo indie ningún disco había llegado a meterse en el top 50 de Billboard en su primera semana; no, ni siquiera Death cab for cutie…

Uno es un poco fanboy de Subpop, de The Shins, del indie americano en general, así que no me queda otro remedio que insistir, corregirles, llevarles por la senda correcta; gracias, de nada. Uno está cansado ya de lo repetitivo del indie británico y por extensión del europeo; de los cuatro movimientos de la mayoría de sus grupos, de lo mismo de siempre. América, oh América, allí sí, allí sí se hace buena música últimamente. Para mi gusto, ellos han entendido mejor hacia dónde vamos, que no nos paramos, y no dejan de publicar música que atropella sin piedad a la nuestra, ridiculizando a la mayoría del ruido europeo. Insisto, para mi gusto, no es necesario que se chinguen a mi madre o hagan barbaridades con mi orto en los comentarios. Así que ahora, con alegría y buen humor sigan leyendo mis impresiones sobre este disco pulsando aquí debajo…

Centrando el tiro y volviendo a lo que nos ocupa, en verdad es justo y necesario que escuchen lo último de The Shins, su tercero, Wincing the night away. Si aún no les conocen les diré que hacen pop-rock de guitarras, suave y elegante, lleno de detalles. The Shins suenan a los 60 pero con una propuesta totalmente actualizada, bien maquillada. Birds, Monkees, Beach Boys, de ellos bebieron pero no se quedaron ahí, han seguido caminando. En sus canciones ni un momento sin pintar, todas completas, nada lineales. Siempre hay un cambio, siempre un instrumento cede su espacio a otro, a la voz de Mercer, sorprendiendo, cambiando la canción, despertándonos, obligándonos a seguir, impidiendo que se hagan repetitivas, forzándonos a escucharlas una y otra vez. Y si musicalmente son brillantes la lírica de Mercer aún lo es más, olvídense de estribillos pegadizos y frases hechas y prepárense para poesía de la más deliciosa; unas directas y claras, otras demasiado ambiguas, pero qué mejor que darle un significado a una canción, qué mejor que darle tu significado.

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