To Lose My Life, de White Lies, Ha sido el disco mejor recibido por los medios ingleses durante esta semana, pero no se merece los elogios que se están vertiendo sobre él. Lo que proponen estos ingleses que en tres días ya han vendido más de 10.000 copias sólo en su país es un movimiento demasiado calculado.
A ver, es tan sencillo como pensar: ¿cuál es hoy el arquetipo de música alternativa que puede funcionar en las listas mainstream sin problemas? Un poquito de Interpol, una pizca de Bloc Party, otro poco de los Killers, no olvidemos a U2 y a Coldplay tampoco, unos guiños a la pista de baile más rockera y unas cuantas canciones de épica post-adolescente. Lo agitamos bien, lo vendemos con una bonita portada tópica, encargamos a Polydor que ponga en marcha la artillería promocional y aquí están: esto es White Lies.
Y, efectivamente, casi todo el disco suena ajustado a esos esquemas, buscando siempre el target perfecto para el que está programado: el que se emocionará en casa con ‘A Place To Hide‘, el que escribe en sus diarios íntimos frases como las que inundan la letra de ‘To Lose My Life‘, el que gusta de discos y canciones con apariencia de ser diferentes a lo que sus compañeros oyen en las radifórmulas (falsa apariencia).
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