Traced in Air, el segundo álbum de Cynic, ha supuesto la espera más larga de mi vida. Tras su impresionante e imprescindible debut titulado Focus, allá por el año 1993, los de Florida decidieron no seguir adelante para tristeza de miles de seguidores en todo el mundo. Llegaron a dar algunos conciertos antes de su disolución, pero han tenido que pasar 15 años para que volvieran a reunirse y lanzar al mercado el mejor disco de metal progresivo que una banda haya podido parir jamás.
Palabras mayores, lo sé, pero su primer trabajó marcó por aquel entonces, y de manera definitiva, mi forma de ver y entender la música gracias esa perfecta fusión de géneros tan dispares como el death metal y el jazz. Recuerdo haber escuchado Focus una y otra vez intentando averiguar, incluso instrumento por instrumento, cómo esas cuatro personas habían sido capaces de crear semejantes composiciones. Con Traced in Air he vuelto a hacer lo mismo.
Una de las claves para empezar a entender el por qué de ese sonido tan especial la encontramos en la propia persona de Paul Masvidal, vocalista, guitarrista y principal compositor de Cynic, gracias a su espiritual visión de la vida. Creo que es un aspecto que la música de Cynic, apoyada por las letras de Masvidal, es capaz de desprender.
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