Existen dos tipos de personas. Hay quienes adoran a Björk, pues ella es su verdadera diosa e icono absoluto de la modernidad. Otros no la soportan, la acusan de pesada, niña caprichosa y excéntrica. Yo, hasta este viernes no había sido capaz de posicionarme, disfrutándola cantidad de veces, sufriéndola en silencio muchas otras.
Acudimos en cuanto abrieron las puertas de acceso al recinto, lo cual nos permitió acercarnos hasta las primeras filas sin problema y comenzar a disfrutar de la fiesta. Sí, ya sé que aún faltan varias horas para que la islandesa salga al escenario, pero el espectáculo ahora está entre el público. Un montón de Bjorks, versión femenina y masculina, caras pintadas de colores, cortes de pelo irrepetibles y modernos…, todos muy modernos. La cantidad de gafas de diseño nos anuncian que son muchos los catalanes que se han acercado hasta Bilbao, se nota que esta vez no ha incluido Cataluña en su gira Volta. Desde Barcelona, precisamente, han venido la brasileña Andrea y la italiana Alice, muy emocionada durante el tiempo de espera y es que hasta habla de la artista como su hermana. En una ocasión estuvo a un metro de distancia de ella, pero los nervios no le permitieron reaccionar. No le gustan las mujeres, pero con ella… sería diferente. Mucho fanatismo entre el público.
El espectáculo flamenco Al Natural, que estaba previsto como telonero, fue sustituido a última hora por un par de temas en el que Farru, hermano de Farruquito y uno de los tres bailaores anunciados, bailó acompañado únicamente por un músico tocando el cajón. Una actuación sin mucho sentido, en el lugar y momento equivocado, pero que tampoco importó a nadie. Las 12.000 personas que para entonces ya se habían acercado hasta el museo Guggenheim sabían que la próxima en salir al escenario era Björk y todo lo demás poco importaba.
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