Vanessa Carlton

Vanessa Carlton nunca ha tenido mis simpatías. Su debut saturó tanto y de manera tan monótona casi cualquier medio musical que terminó resultándome facilón y prescindible. Era otra de la tanda de Michelle Branch y compañía que parecían tan prontas a extinguirse una vez pasada la primera impresión efímera.

En este caso concreto, casi sucede así, después de dos álbumes que no tuvieron el éxito esperado después de Be Not Nobody y que llevaron a Vanessa Carlton a tomar la determinación de esperar para sacar nuevo material hasta que el entorno y las condiciones fueran las más favorables. Esta decisión ha terminado siendo vital en su evolución como artista y en el salto definitivo desde el pabellón de las aspirantes a número uno de la radiofórmula de turno hasta el suelo firme del artista de estilo propio y comprometido con sus ideas. Rabbits on the Run refleja, por fin, su asentamiento como cantautora, despojándose de cuantos añadidos se hubiera echado encima para triunfar en el lado más comercial del negocio.

La madurez que da la sinceridad

No todos los artistas de corte comercial llegan a ese punto de su carrera en el que deciden dejar de lado lo que les llevó a la fama para adentrarse en la madurez de su trabajo. Muchos ni siquiera se plantean dejar de ordeñar a la vaca de las ubres de oro, y mientras les dure la suerte están dispuestos a seguir explotándola.

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