No debe ser nada fácil ser promotor de conciertos ya que nunca puedes saber como el público va a reaccionar. El viernes, el quinteto anglo-francés Piano Magic se acercaba hasta Bilbao para presentar Ovations, su décimo disco de estudio lanzado a finales del pasado año, y ni tan siquiera fueron capaces de llenar una sala pequeña como es el Azkena.
Poco más de cien personas pagaron los 15 euros que costaba la entrada (otra vez que no me salen las cuentas) para ver a una banda consolidada con más de 14 años de actividad en los que han repasado varios estilos y propuestas diferentes pero sin salirse nunca de ese halo de oscuridad que siempre les ha caracterizado. Bueno, al menos este tipo de conciertos tiene la garantía de que el publico no va por ir, sino que lo vive de verdad.
Tenía curiosidad por descubrir como afrontarían su directo. Esperaba encontrarme con toda esa colección de inquietantes y a la vez deliciosos ruiditos de los que tanto abusaban a principios de este siglo, en su etapa más experimental. Pero, el concierto fue bastante diferente al que yo, al menos, me imaginaba y transcurrió todo él calcando de tal manera el sonido propio de Joy Division que por momentos parecía que estábamos asistiendo a un tributo más a los de Manchester.
Editores 8
Comunidad 0