Una semana llevo intentando recuperarme de la experiencia Benicàssim, el que, a pesar de las críticas (siempre las ha habido y siempre las ha habrá), sigue siendo el festival de festivales en España, un cada vez más grande parque de atracciones que gira en torno a, aunque no exclusivamente, la música. Como diría aquel, “el de la emoción, el del espectáculo, el único, el veterano, el del sonido inconfundible”. Porque, a pesar de, o gracias a, los ingleses, la masificación, el toxicosmos, la gente guapa, los neones, el irregular cartel, la mala distribución de artistas por escenarios, las zonas de acampada…, sigue siendo una cita ineludible, a la que tal vez dentro de poco tiempo le salga un gemelo en alguna otra localidad del norte.
Las heridas de guerra de Benicássim duran, a lo sumo, una semana; sus mejores recuerdos, todo un año. El FIB 2007 ha muerto, viva el FIB 2008.
Iggy & The Stooges
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