Ty Segall

Un año después Ty Segall ha abandonado la virulencia estrepitosa y radical de Slaughterhouse y la psicodelia alborotada y frugal de su colaboración con White Fence para embarcarse en un disco repleto de arreglos de cuerda. ¿Qué ha sucedido? Qué sucedió. En un vaivén de giras por todo el mundo y hasta tres discos en apenas un puñado de meses, Ty Segall perdió a su padre. La noticia le llegó poco antes de su único concierto en España, en San Sebastián, donde las crónicas relataron una actuación encendida, descomunal, impulsada por un ardoroso fuego interior. Es el mismo fuego que parecía apagado este año hasta que nos hemos topado repentinamente con Sleeper. Segall ha regresado un día más, pero su regreso no tiene nada que ver consigo mismo. Sleeper es el vértice opuesto a Slaughterhouse: es la calma que sucede a la tempestad. A aquel concierto. Sleeper: el homenaje o la inspiración La interpretación anterior es tentadora, pero probablemente Sleeper no es sólo el resultado de las tribulaciones familiares de Segall, sino un paso consciente y quién sabe si medido a largo plazo por parte del artista californiano. Su discografía no ha estado tan alejada en apariencia de algunas cosas que Segall propone ahora en Sleeper: en Goodbye Bread (2011, Drag City) había suficientes atajos sonoros que casi derivaban en lo acústico como para no sorprenderse por la facilidad, la soltura, con la que Segall se desenvuelve ahora en Sleeper. Violines, armonías vocales, constantes medios tiempos, un muy austero acompañamiento sonoro. Lo que Segall descubre tras las costuras que se han abierto a raíz de la muerte de su padre es a un artista superdotado, otra vez, capaz de acudir a terrenos en apariencia extraños pero que, en realidad, le encajan como un guante. Es cierto que Segall ha admitido en varias ocasiones que ha pasado una temporada difícil: tras la muerte de su padre se traslado a Los Ángeles para pasar más tiempo con su hermana y, al parecer, la relación con su madre no ha sido la mejor posible. Dados estos antecedentes y la descripción ya trazada del sonido de Sleeper, cabe imaginar un disco que trota entre la nostalgia y el dolor, quizá demasiado monótono, posiblemente demasiado personal. Pero nada de eso: decíamos, Sleeper es un paso medido y controlado por Segall. Aquí hay emoción desbordada pero al mismo tiempo controlada: Segall no se permite la frivolidad de dejar de lado la diversión. Es cierto que es menos juguetona que en otras ocasiones, pero no por ello despreciable. Por ejemplo, ¿cabe otra manera de interpretar el sonido absolutamente Tyrannosaurus Rex de 'Come Outside'? Segall ya había homenajeado a Marc Bolan en anteriores ocasiones (Ty Rex), pero esto no es un homenaje: es una inspiración. De la psicodelia y el cantautor '6th Street' camina por los mismos derroteros, y 'Crazy' es el primer foco de luminosidad tras dos canciones iniciales totalmente descorazonadoras. En su momento hablé de Bruce Springsteen y de Nebraska. Es cierto, Ty Segall parece obtener la fuerza de la misma fuente de la que bebió Springsteen para cuadrar aquel álbum aún hoy improbable, pero por qué no pensar en Donovan y otros no tan brillantes cantautores de los sesenta que se buscaban entre el folk y la psicodelia. Segall no es el más lisérgico compositor de su generación (ése es Jeremy Earl), pero es un sonido que no le resulta del todo ajeno. Y lejos de enfrentarnos a un disco lastimoso y oscuro, como avanza 'Sleeper' o la fantástica 'The Keepers', Sleeper ofrece la suficiente diversidad y atrevimiento por parte de Segall como para que nadie ose bautizar a este disco con la tan manida etiqueta singer/songwriter. Pese a todo, Segall sigue sin cuadrar en ese traje. Y sin embargo, no hay un momento más brillante ni más inspirado en todo el disco que 'Sleeper', allá donde muchos querrán encasillar este, otra vez, estupendo disco de Ty Segall. Esta vez no deberíamos culparles: Segall se ha expuesto, por su historia personal y por el orden de las canciones, a que Sleeper sólo sea un disco acústico/melancólico más. 'Sleeper' es un diamante en bruto, una canción que ofrece a un Segall melódicamente abrumador y que se complementa a las mil maravillas con el paisaje gris, devastado y nihilista de 'The Keepers'. No es la norma, pero sí es la cima de Segall. De cualquier modo, Sleeper es otro paso más hacia su propio firmamento. 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