Meddle

Además de ser la pieza central de la trilogía de discos que metió de lleno a Pink Floyd en el terreno progresivo, iniciada un año antes por Atom Heart Mother y completada en el 72 con la banda sonora de Obscured By Clouds, Meddle es también el mejor de estos trabajos que sirvieron de preludio para la era dorada de la formación británica.

Estructuralmente existen algunos innegables paralelismos entre este disco y su antecesor, pues una vez más encontramos un tema central que monopoliza la mayor parte de la atención, acompañado de canciones más cortas y de calidad dispar. De nuevo, sólo un año distanció a ambos lanzamientos, buena prueba del tormentoso ritmo creativo que gastaban los músicos en aquellos años, pero no creáis por ello que el proceso fue precisamente rápido.

De hecho, para la composición de este álbum la banda se vio sumida en un pequeño estancamiento creativo, una falta de ideas producto de no tener clara qué dirección querían tomar con su música. A día de hoy resulta extraño leer esto, pues escuchando Meddle se hace obvio hacía donde se dirigían, pero obviamente eso no eran capaces de verlo en su momento, y producto de ello se enfrascaron en interminables sesiones de experimentación en el estudio que muchas veces no servían de nada. John Leckie, el técnico que trabajó con ellos, lo explicaba así:

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