Bunbury

¡Quién me lo iba a decir a mí hace 15 años! ¡Que algún día saldría en defensa de un disco de Bunbury! Cuando era adolescente, Héroes del Silencio eran el típico grupo que no me gustaba y nunca podría hacerlo: una de esas fobias a las que nos acostumbramos los que nos apasiona esto de la música. Ya sabéis, le cogemos tirria a algún grupo y ya no hay manera.

Curiosamente, Bunbury deja Héroes del Silencio y, pese a Radical Sonora, llegan dos discos que me apasionan: Pequeño y Pequeño Cabaret Ambulante. Por primera vez empiezo entonces a ver a un músico más que a un personaje y ya me dejan de molestar su gravedad al cantar, su seriedad para todo. Su personaje, pese a ser pelín cargante, también deja de resultarme insoportable. Pero con él, siempre me ha faltado algo: no me convence su visión del rock clásico, de hecho los discos y las canciones que más me han gustado de él siempre han sido las que se alejaban de ese estilo y dejaban que entrase aires diferentes.

La explicación puede ser sencilla de entender: mis dos grupos españoles favoritos de rock-de-toda-la-vida an sido Los Enemigos y 091. Pero mi músico más respetado en ese ámbito siempre José Ignacio Lapido, perdedor de perdedores, maldito sin lamentaciones, trabajador nato y dueño de una sensibilidad pop muy peculiar que siempre se abre paso entre los riffs y los ritmos.

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