Es fácil decir que la carrera de Neu! se resume en su primer disco homónimo. Es más, se podría decir que, incluso, toda su discografía se resume en dos temas, ‘Hallogallo’ y ‘Negativland’. El primero es el que, tradicionalmente, se ha llevado toda la atención mediática, ya que se le ha querido ver como la piedra angular sobre la que se edifica el krautrock, una etiqueta ambigua para definir a los grupos progresivos alemanes, que a diferencia de los anglosajones, eran más rítmicos que paisajísticos.
Sin embargo, yo soy de los que prefiere ‘Negativland’, porque condensa otras muchas cosas y, sobre todo, porque su tratamiento de la sección rítmica marcará a la mayoría de los grupos post-punk. También porque sus nueve minutos son todo un ejercicio de hipnotismo: el oyente entra en la espiral, pero, aunque quiera, no sale hasta que el grupo alemán decide echarlo de una patada.
‘Negativland’, que sirvió para dar nombre a uno de los grupos más activistas en contra del copyright, es una tormenta de ruidos y bajos saltarines. Es una de las canciones que dio vida a Sonic Youth: ambos grupos tratan las guitarras de la misma manera, con esos solos que parecen casi freejazz. Es también el tema que Martin Hannet escuchó y cuya producción quiso emular en Unknown Pleasures, el debut de Joy Division.
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