Pink Floyd seguía dando que hablar y la edición de Ummagumma en 1969 no hizo más que acrecentar el caché de un grupo que ya estaba en los altares de la música popular. Nadie hasta la fecha había tenido la idea, la disposición o el atrevimiento de grabar un doble álbum, con un disco en directo y otro en estudio.
A estas alturas Syd Barrett no era más que un recuerdo en la música experimental de Pink Floyd, siendo honrado en el disco en vivo, el único que conocimos del grupo británico en dos décadas.
El lado espacial del rock de Pink Floyd frente al lado experimental, experimental porque el disco de estudio no es más que una exhibición del talento de cada uno de los cuatro músicos, que hicieron lo que les vino en gana.
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