Miguel Poveda - Teatro Filarmónica (Oviedo, 18-01-2007)

Víctor Rodríguez 21 de enero de 2008 0 comentarios

Poveda1 Era su primer concierto del año y el cantaor mostró estar muy a gusto desde el primer minuto que estuvo encima del escenario. Miguel Poveda, un badalonés payo, volvía a Asturias mucho tiempo después de su última visita con más años y más sabiduría si cabe de la que le conocíamos.

El recital del cantaor, enmarcado dentro de los actos del 400 Aniversario de la Universidad de Oviedo, no era gratutito, dieciocho euros debieron de abonarse en taquilla y, sólo por eso, el Teatro Filarmónica no se llenó como hubiera merecido el artista.

Rascarse el bolsillo resulta muy duro cuando se trata de la cultura, acostumbrado el público al ‘circo’ gratuito subvencionado por las instituciones públicas, un mal que en el Principado ha provocado que la iniciativa privada a la hora de programar actividades musicales brille por su ausencia.

Poveda2 Miguel Poveda confirmó el viernes a sus casi 35 años que es pasado lejano, su prehistoria, el haber triunfado en el Festival Nacional del Cante de las Minas en 1993. A la altura de los más grandes, con una progresión enorme y un futuro, en el que si no hay ningún contratiempo, en el que será tan grande como Enrique Morente, el cantaor comenzó su concierto con un atrevimiento.

Esta osadía fue atacar un martinete sobre un bucle de sintetizador, algo que solamente se atrevería a hacer alguien como el granadino. Con estos versos: ‘Nadie diga que es locura, esto que yo vengo haciendo” Poveda entusiasmó a un público entregado a su arte.

Y como es un genio enlazó este martinete con un pregón, un palo al que rara vez acuden los cantaores, titulado El uvero, perteneciente a su disco Zaguán (Harmonia Mundi, 2001). Si ahí ya se ganó los aplausos, lo que vino después no fue menos asombroso.

Ya acompañado a la guitarra por Chicuelo, productor de sus discos y uno de los mejores tocaores en activo, Miguel Poveda dio una clase magistral de cantes, dominando el compás como los mejores con un rajo muy flamenco. Se fue por alegrías de Córdoba de Curro de Utrera enlazadas con alegrías gaditanas muy bien secundado a las palmas y coros por los jerezanos Luis Cantalote y Carlos Grilo.

Lo más flojo del recital fue una bulería de su último álbum titulada Alfileres de colores, subiendo después el listón por soleá y unos fandangos que fueron de lo más brillante de una velada mágica.

Repescó La radio de mi madre, unas coplerías, es decir, coplas aflamencadas, de Tierra de calma, y por tientos se sobró al igual que con un romance de Federico García Lorca.

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