No acabo de pillarle el punto al cada vez más notable lado balcánico de Matt Elliot. Es como si en su búsqueda de sí mismo a través de los instrumentos más tradicionales, Elliot se hubiese olvidado de buena parte de su obra anterior. Me explico: lo que funcionó de The Mess We Made, primer album que hizo a su nombre, es que aún conservaba buena parte del misterio electrónico de The Third Eye Foundation.
Poco a poco, las máquinas han ido cediendo terreno a violines, guitarras y aires del este. Ahora se ha perdido el aire etéreo de muchas de las antiguas canciones de Matt Elliott, que parece convertido ya en una especie de Beirut oscuro. No dudo en que el paso de una etapa a otra ha implicado una mayor seguridad como compositor del que fuera figura del drum’n‘bass. Lo que pasa es que discos como Howling Songs (o su predecesor, Failing Songs), sin las letras a mano, sólo me funcionan a ratos, en determinadas canciones.
¿Ha perdido Matt Elliott la capacidad para ser personal, para transmitir todo el dolor del mundo, toda la oscuridad de su alma, a través de canciones vidriosas, de temas folk atravesados por atmósferas turbias? Eso hizo en The Mess We Made y en Drinking Songs: cuando escuchabas sus canciones, sabías que aquel era un autor tremendamente personal, que su música sólo podía pertenecerle a él.
Ahora, incluso teniendo temas tan impresionantes como ‘The Klüber-Ross Model‘, es más complicado separarlo del montón de músicos que se van a los Balcanes a inspirarse y vuelven con violines llorosos y folk-rock bajo el brazo. No quiero decir que Matt Elliott sea ahora un músico del montón, porque sigue teniendo una mano única a la hora de componer, sólo que ya no es tan diferente al resto del mundo.
Insisto: no he cogido las letras del disco. Seguramente, con ellas en la mano, una vez más habrá aquí dentro todo un tratado sobre el dolor. Lo que me ocurre es que ahora me suena a canciones escritas sobre “el libro de estilo de las músicas eslavas” (si es que eso existe) y echo de menos anteriores decisiones de la carrera de Elliot. Dejémoslo en un simple bien.
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