Llegó el sábado, el último día del Derrame Rock y por delante había veinte conciertos. Este año no se vio un lleno absoluto, dificilísimo que eso pase en el amplio recinto de Agones (Pravia), con ninguna de las bandas pero fue Barricada la que más gente congregó en su recital, con lo cual se han hecho merecedores del galardón de vencedores del Derrame Rock 13.
Como el viernes, opté por llegar a tiempo a la primera banda que me apetecía ver y no poner una hora de retirada. El retraso horario fue acumulándose poco a poco conforme las bandas iban pasando por los escenarios. Abrieron Las Orejas del Lobo a las 13:30 horas y el festival se cerró cuando casi estaba a punto de amanecer con una fiesta sorpresa de versiones que me perdí. Os paso a contar banda por banda mis impresiones.
Narco:
Pensé que no llegaría a ver a Narco pero sí, acababan de empezar su concierto en el escenario Sol Música. Los sevillanos, etiquetados en 1997, cuando debutaron con Satán Vive, como banda de nu-metal, aunque ahora nadie se atrevería a llamar así a su propuesta, estuvieron prendados.
Este año han vuelto a los escenarios tras haberse disuelto en 2003 después de haber editado Registro de rebeldes y penados, aquel disco que incluía una pista interactiva con el juego Mantanza cofrade y que fue denunciado por las hermandades sevillanas por atentar contra la libertad de conciencia y los sentimientos religiosos. Eso precipitó el fin de un grupo, que ya había actuado en el Derrame Rock, pero el sábado volvían con el recopilatorio Alijos confiscados 1996-2008.
Su propuesta de hip hop aguerrido, trash metal, hardcore y desenfado no parece estar desfasada a tenor de lo visto en su concierto. Bajo el liderazgo de Vikingo M.D. y sin Chato Chungo, que ha sido sustituido por Distorsión Morales, componente de la banda Falso Dogma, salieron al escenario y poco a poco se congregó delante del escenario Sol Música a una nutrida parroquia. Sonaron sus mejores temas igual de contundentes que les recordaba: ‘DJ muerto’, ‘Tu dios de madera’, ‘Chaves’ o ‘La puta policía’.
Escuela de Odio:
Lo de Escuela de Odio es de otra galaxia. La formación asturiana ha hecho de la autogestión su modo de vida. Su hardcore punk fuertemente ideologizado, combativo y furioso fue de lo mejor de la noche. Los de Langreo presentaban Quien siembre miseria recoge la cólera, otro manual tan bueno como De la esclavitud a las cenizas o Cuando los mudos griten los sordos sentirán el miedo.
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Escuela de Odio se hicieron dueños del escenario Sennheiser y en apenas una hora se despacharon a gusto con una ración extra del mejor hardcore punk que se hace en este país. Con Pirri al frente, carismático, escupiendo diatribas y consignas ideológicas a un público entregado. Como una apisonadora.
Barón Rojo:
Barón Rojo son para mí uno de los puntales del rock estatal. Formados en 1981 y liderada por los hermanos Armando y Carlos de Castro, que venían de Coz, está banda ha escrito una de las páginas más brillantes del metal, antes lo llamábamos heavy, estatal. Para ellos la frase cualquier tiempo pasado fue mejor es la que les define con mayor precisión
Esos tiempos pasados en los que junto a ellos estaban Sherpa y Hermes Calabria, que abandonaron el avión del Barón en 1989, poco después de editar Obstinato. Los Barones, nombre con el que se les conoce en el mundillo, editaron a finales del pasado año Desde Barón a Bilbao, un doble CD y DVD que recoge el concierto que dieron el 23 de septiembre de 2007 en el Aste Nagusia bilbaíno.
Por tanto, sin la necesidad de presentar un nuevo álbum, su cita del Derrame Rock 13 se surtió de grandes éxitos, canciones de su primera época que a la postre son las que les generan royalties. ‘Al final perderán’ y ‘Caballo desbocado’ fueron la única deuda con su último álbum de estudio, Últimas mentes (Santo Grial, 2006).
El resto fueron clásicos que todos los aficionados al rock conocen, desde ‘Volumen brutal’, tema que dió título a su segundo y más famoso álbum, hasta ‘Resistiré’. Entre ambos un derroche de electricidad y sabiduría ejemplificadas en canciones atemporales como ‘Incomunicación’, ‘El malo’, ‘Concierto para ellos’, ‘Cuerdas de acero’, que incluyó el estribillo de ‘Another one bites the dust’, de Queen, ‘Con botas sucias’ o ‘Los rockeros van al infierno’, adobada ésta con ‘Smoke on the water’ y ‘Highway to hell’. Aunque muchos tuerzan el morro, unos maestros.
Barricada:
A Barricada nunca les he visto un mal concierto. Los navarros viven en un estado de plena juventud, no les pesan ni los kilos ni los años. Están un poco más viejos pero en plena forma y su cita en el festival no pasó desapercibida para un público que les respondió con la mayor afluencia de los tres días.
Esta año les ha tocado promocionar la caja 25 años de rock & roll, una golosina para sus seguidores igual de buena que Latidos y mordiscos, aquel doble álbum y DVD que incluía un acústico y un concierto eléctrico grabados en Pamplona. Todos estos lanzamientos les han valido para oxigenar un cancionero excelso que el sábado se encargaron de resumir en veinte canciones.
Picaron en uno y otro disco, abriendo con ‘Objetivo a rendir’, de Pasión por el ruido, siguiendo con ‘Sofokao’, de ‘Hombre mate hombre’, y ‘Ésta es una noche de rock & roll’, de Noche de rock & roll. A su debut también volverían para hacer ‘En la silla eléctrica’ y ‘Esperando en un billar’.
No faltaron ni ‘Okupación’, ‘Lentejuelas’, ‘Todos mirando’, ‘No sé que hacer contigo’, ‘Animal caliente’ o ‘En blanco y negro’, la última de la noche. Tuvieron el mejor sonido del festival y el público más entregado.
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Fotografías | Víctor Rodríguez
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