
Tengo que admitirlo: nada de lo que yo diga podrá explicar tan bien lo que pienso de este 808’s & Heartbreak de Kanye West mejor que lo que han escrito en Cokemachineglow:
Este es el disco resultado de un estómago lleno, de un eructo, de un reflujo de ácido, de las indulgencias de Kanye
La frase, dura de por sí, está situada en el contexto de la comparación con Late Registration, del que el mismo crítico alabó su capacidad para tragarse las influencias de muchísimos discos y estilos distintos y digerirlo como algo completamente nuevo y valioso por sí mismo.
Es cierto: 808’s & Heartbreak es la primera vez en la que el pastiche propuesto por Kanye West no convence. Aburre, suena fofo, pasado de rosca y posee algunos de los defectos de su anterior Graduation, pero elevados al cubo. Donde en aquel sólo había pequeños puntos kitsch, aquí prácticamente están en cada segundo de todas sus canciones.
Ojo, que hubiera podido convencernos si 808’s & Heartbreak tuviese temazos con los que defenderse. Al fin y al cabo, si algo nos enganchó de ese personaje fantástico que sigue siendo Kanye West fue su música y luego llegó todo lo que le rodea. The College Dropout o Late Registration estaban llenos de hits, pero de aquí ¿cuál sacamos con verdadera chicha? ¿’Love Lockdown‘? Vamos, no, a Kanye hay que exigirle mucho más.
A Kanye no parece haberle sentado bien el corazón roto. Es más, para ser, supuestamente, su disco más soul, parece el más frío, el más pensado, aquel en el que Kanye parece haberse aferrado más a su personaje que a su persona. ¿Será su manera de ponerse la coraza, mientras que nos vende lo contrario (porque si algo sabe West es vender)? No lo sé, pero es una pena que el hasta ahora infalible Kanye nos haya regalado esto. Bache (y, por Dios, que le alejen del vocoder).
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