Después de hacer un repaso general con mi anterior post al ambiente y las actividades celebradas durante el festival, llega el momento de centrarse en lo más importante: las actuaciones.
El viernes era sin duda el día más potente, pues contaba con los marselleses Iam, y con los neoyorquinos EPMD y Talib Kweli. El plato fuerte español lo puso Nach, que ofreció un largo show para presentar Un día en suburbia. El sábado destacó por Immortal Technique y Violadores del Verso, que siempre consiguen la entrega absoluta del público dondequiera que toquen.
Creo que un repaso exhaustivo de todos los artistas dejaría sin aliento hasta al lector más empedernido, así que me centraré en las actuaciones internacionales, no por cuestión de preferencia o esnobismo, sino porque posiblemente pase una buena temporada hasta que podamos volver a verles en directo en nuestro país.
Iam se trajeron de la vecina Francia toda la energía y crudeza de su rap, profundamente callejero. Sin embargo, el combo no estuvo al completo, y nos tuvimos que conformar con Akhenaton y Shurik’N, respaldados por dos MC’s cuyo nombre desconozco. Su actuación estaba prevista para el escenario Urban, pero la ausencia de Erick Sermon de EPMD los llevó al escenario principal. Una suerte para ellos, porque así el sonido hizo justicia a la potencia de sus voces y de los graves de las instrumentales.
Repasaron algunos de los temas más emblemáticos de su discografía, como el excelente Petit Frère, aunque se dejaron en el tintero otros tan indispensables como Dangereux. Demostraron tener una gran compenetración sobre el escenario, así como una energía inagotable que supieron trasladar al público. La única pega, que también es común a muchos otros artistas franceses, es que la mayor parte de sus temas no bajan de los cuatro o cinco minutos, y algunos terminaban por hacerse pesados.
Por su parte, Immortal Technique aprovechó sus conocimientos de español (no en vano, vivió en Perú hasta su adolescencia) para conseguir un mayor acercamiento con el público. El show estuvo marcado por continuas llamadas a la revolución, pues además de músico, Immortal es un destacado activista político. En sus canciones hay continuas referencias a la lamentable política social estadounidense, la figura de Mumia Abu-Jamal y las consecuencias del 11 de septiembre.
Repasó canciones de sus tres discos y de su reciente mixtape junto a Dj Green Lantern, pero pasó por alto la impresionante Dance with the Devil, cosa que muchos no le podremos perdonar (al menos, hasta su próxima visita). Su fuerza sobre la tarima es destacable, incluso sin MC de apoyo, aunque no consiguió mover a la facción del público que, según mi impresión, no tuviera ni idea de quién era aquel tipo. Le acompañó en todo momento Dj G.I. Joe, que tuvo su propio espacio para lucirse con los platos.
Pero fue la noche del viernes cuando disfruté del mejor concierto de todo el festival, y uno de los mejores en una buena temporada. Talib Kweli, al que no pude ver en su anterior visita a Madrid hace ya unos años, demostró que su veteranía no le ha valido sólo para juntar dólares. Ya desde que su Dj empezó a calentar el ambiente a base de temazos (entre ellos, el Ante Up de M.O.P. y el Simon Says de Pharoahe Monch) se veía venir que la cosa iba a ser seria.
Después salió Kweli, ataviado con chaqueta de cuero y gafas de sol. Aunque sus discos suelen ser reposados y reflexivos, arrancó el concierto con un tema dinámico en el que pudo compaginar los saltos con su enrevesada métrica. Enseguida llegó Too Late, mi canción favorita de este neoyorquino, con la que ya terminó de embelesarme.
Hizo paradas por todos sus discos, desde el Black Star que compartió con Mos Def (fue increíble escuchar Definition en directo y corear su estribillo) hasta su reciente Eardrum. No se olvidó de Liberation, el disco que gestó con las producciones de Madlib, quien refrescó radicalmente el sonido de este artista.
Kweli subió sin MC’s de apoyo a un amplísimo escenario que a pesar de todo no se le quedó grande en ningún momento. Eso sí, aprovechó su extensión para subir al escenario a J-Ro y Arianna Puello, que compartieron un tema con él; y a una crew madrileña de breakdance, que aderezó con sus piruetas los temas más movidos del show.
También se sirvió de la pantalla gigante para homenajear a figuras de la música y de la política como Malcolm X, Karl Marx y Bob Marley. De este último, pinchó su tema Jamming durante la actuación, un interludio que sacudió el esqueleto de toda la audiencia.
Una maravilla la visita del Sr. Kweli. A pesar de que otras cuestiones del festival no salieron tan bien como estaban previstas, sólo con este show ya podríamos darnos por satisfechos. A partir de ahora, se abren las apuestas y sugerencias para el año que viene.
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