
Si el otro día presentábamos el vídeo de la canción titular de este nuevo EP de Animal Collective, ahora le toca el turno al disco en sí. Y compruebo una vez más que los estadounidenses tienen intacta la habilidad de barrerte la mente con sus canciones. Ya no son sólo sus sonidos, sus melodías atípicas (pero cada vez más presentes), sus gritos alucinados (a veces parece que, en vez de cantar, estén en pleno mal viaje de tripi) o su inusual manera de acercarse a todo, sino que cada paso que dan parecen dirigir al oyente allá donde quieren.
Y sí, creo que conmigo lo han vuelto a hacer: que me han hipnotizado y están jugando conmigo para que digan lo que ellos desean. El título del ep nombra explícitamente al agua y yo la veo por todas partes en las cuatro canciones que forman parte de Water Curses.
En la titular, de forma playera, con barcos que crujen, aparejos que hacen ruido y hasta gaviotas por aquí y allá. En Street Flash como si en esa misma playa se hubiera hecho de noche y alguien se hubiese dedicado a hacer fogatas y en la radio suenen canciones de los Beach Boys que se escuchan con muchas interferencias y, en vez de ser una comedia sobre surf, la cosa acabase en banda sonora de peli experimental de miedo.
Agua, agua por todos lados: en Cobwebs, Animal Collective cantan desde las profundidades del suelo marino y casi parece que el tema este grabado a la vez que, fuera del agua, se celebra el Cuatro de Julio con su Fireworks sonando a todo trapo. Y en Seal Eyeing definitivamente todo el grupo se ha transformado en un plancton capaz de seguir tocando instrumentos.
Con Water Curses, Animal Collective siguen siendo un grupo fascinante y mantienen su idea de ser cada vez más asumibles. Suenan, a cada paso que dan, menos etéreos y más cercanos a la realidad. Pero, claro, sólo a la que está construida según sus deseos. Y yo, cada vez que me encuentro con una de sus canciones, me pliego a sus órdenes.