Especial Nacho Vegas: Actos Inexplicables

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Por mucho que hubiese algunos destellos de brillantez musical en los dos Diariu, nadie podía pronosticar lo que Nacho Vegas iba a hacer en su debut discográfico. Por merecimiento propio es uno de los mejores discos nacionales de la década. También el único momento en que Vegas estuvo totalmente libre de su personaje: mientras que en sus siguientes discos se pueden buscar rastros de histrionismo y teatralidad, en Actos Inexplicables vive un Nacho Vegas libre de todo, que suena sincero y cercano.

If songs were lines in a conversation, the situation would be fine

Esa cita de Nick Drake bajo la fotografía de la playa de Gijón enmarcaba el debut en solitario de Nacho Vegas, ponía el acento sobre lo importante que era la música para su autor en ese momento. También avanzaba en algo el espíritu catárquico de muchas de sus canciones: el tono confesional, que no suena impostado, remarca la tristeza de muchas de las letras. Si hubiesen formado parte de las conversaciones, tal vez la vida hubiese sido más sencilla, aunque no es seguro, porque no es que las palabras de estas canciones puedan usarse a diario.

Podríamos hacer un repaso lineal de este disco, pero lo cierto es que hay una canción que domina todo Actos Inexplicables e, incluso, toda la carrera de Nacho Vegas. Hablo, claro, de ‘El Ángel Simón‘, en cierto modo, la grabación y sangre a fuego del estilo del cantautor (palabra a la que, por cierto, él contribuyó a quitar prejuicios entre los aficionados indies).

Sangre y fuego, digo, y no soy todo lo dramático que la canción se merece. Por el tono, pareciese una simple elegía, pero un buceo en la letra demuestra que, en realidad, en ‘El Ángel Simón’ Nacho Vegas está celebrando la muerte de quien llevaba tiempo buscándolo. La canción se debate entre la tristeza de quién ha perdido a un amigo y la del que entona cosas como “me vas a disculpar si nunca te llevo rosas”, frases como “al final tal vez tuviste suerte, porque tal vez – dímelo tú -mejor que ser un hombre solo y arruinado resulte ser, como dijo el juez, ‘el finado’”.

Sangre, manchas en el colchón, drogas, jueces, humor negro y salvaje, muertos, miedo a vivir “toda la puta vida”... Tantos y tantos temas recurrentes en la carrera de Nacho Vegas ya estaban presentes en los ocho minutos absolutamente conmovedores de esta canción. Un tema que, por si fuera poco, se musicó de una manera tan sutil como muy pocas otras en la trayectoria del músico asturiano. Como decía al principio del post, luego Vegas irá optando, poco a poco, por una mayor teatralidad, un ambiente más eléctrico, y casi nunca recuperará los gozosos arreglos que, como bien dice el libreto del disco “fueron maravillosamente compuestos y dirigidos por Carlos J. Martínez”.

Pese a lo espectacular de esta canción, el resto del disco no se queda atrás: desde la apertura instrumental, a medio camino entre el western y Nick Drake, de ‘Actos Inexplicables’, al brutal cierre eléctrico, casi Sonic Youth, de ‘Molinos y Gigantes‘ (con Jr. de por medio) Nacho Vegas dibuja paisajes muy extraños para el indie de la época y, a la vez, con una personalidad absolutamente desbordante. En el fondo, Vegas no nos dio nada que no hubiesen hecho quienes maridaron el folk con el rock, pero sonaba excitante por la cercanía generacional.

Apoyado en unos músicos de acompañamiento magníficos, Vegas da el tratamiento justo a cada canción: los recovecos melancólicos y tomados prestados de Leonard Cohen en ‘Al norte del norte‘ o ‘El camino‘, el tono casi pop de la preciosa ‘Seronda‘, los tintes más folk de ‘Que te vaya bien, Miss Carrusel’ (versión de Townes Van Zandt; pocos de la generación indie de los 90 le habríamos hecho caso como referencia) o los contrastes heroinómanos (tan 70’s) de ‘Blanca‘, otra canción de amor/odio a las adicciones.

Volviendo a ponerlo en contraste con obras posteriores, Actos Inexplicables es el disco más reposado de Nacho Vegas. Apenas hay espacio para la épica, la electricidad siempre es un punto y aparte y son las guitarras acústicas y las voces susurradas las que se llevan el peso. Junto a unas letras siempre demasiado sinceras, incluso cuando son ficticias, forman un conjunto de canciones, de emociones, de muchos quilates.

Nacho Vegas creyó ver molinos musicales en el horizonte, fue tras ellos y se dio de bruces contra los gigantes de su propia obra. Después de eso, era difícil seguir luchando por el mismo camino sin ser absorbido por él. Quizás por eso ninguno de los discos que vinieron después suenan como Actos Inexplicables.

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