Fantasy Bar - Friday Afternoon Car

probertoj 16 de julio de 2008 0 comentarios

Fantasy Bar

El ex-Planetas Kieran Stephen entró en Migala justo a tiempo para participar en La increíble aventura, último álbum de la banda madrileña. Poco después, el incendio que alimentaba a Migala se apagó, dispersando sus cenizas por varias bandas. Pero ahora, bajo el sobrenombre de Fantasy Bar, Kieran ha grabado el disco que sirve para volver a atarlos a todos: en él participan como grupo Rubén Moreno, Jordi Sancho y Diego Yturriaga (todos ellos también miembros de Migala) y colabora el que fuera cantante de aquella banda (¿o era no-banda?), Abel Hernández.

Pero no sólo se trata de volver a reunir a la mayor parte de la plantilla de Migala, sino que en el debut excelente de este bar de fantasía se dan cita la mayoría de las virtudos del grupo: la hondura emocional, la épica en voz baja, las influencias exquisitas (Cohen, Mark Eitzel, Elliot Smith) junto a un tono pop que Migala pocas veces se atrevieron a darle.

Quienes conozcan la versión alternativa que el grupo madrileño hizo de ‘That Woman’, canción de su primer disco, sabrán a qué me refiero. Dice Kieran Stephen en la entrevista de Víctor que Fantasy Bar “no pretende ser secuela de nada”. Puede, pero hay muchas cosas que llevábamos tiempo sin escuchar y que Friday Afternoon Car nos las trae de vuelta. Canciones como ‘Regular Storm Sounds’ o ‘Ancient Glaciar Tongues’, esos temas donde Migala te tocaban la fibra y se quedaban para siempre a tu lado, esas canciones que acompañaban de manera soberbia la caída de sol.

El debut de Fantasy Bar es igual de nocturno, pero tiene un punto más alegre. A pesar de que sus letras hablan de lo que ya no recuperaremos, de la juventud pérdida y de otros tópicos pop expuestos aquí con letras tan sencillas como certeras, las canciones no se encierran en sí mismas ni acaban por entristecer al oyente. Al contrario: envuelto en una instrumentación lujosa (acordeones, teclados, pianos eléctricos, violines, melódicas, slides), Fantasy Bar le ponen una sonrisa a las fábulas con el corazón roto que desgrana Stephen.

No sé si, como cree Víctor, éste es el mejor disco nacional del año, porque para mí hay otros que me han calado hondo. Lo que sí tengo claro es que es la mejor tabla de salvavidas para aquellos que aún echan de menos discos como Arde y Así duele un verano. Quienes aún busquen continuación a La increíble aventura deberán seguir esperando.

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