Supercrepus

Simplificando demasiado, en esto del pop hay dos formas de hacer un disco conceptual sobre el amor: tirando de frases hechas y de cosas como “tú eres la única, no sé qué sería sin ti” o de una manera heterodoxa, escogiendo temas y frases que nunca parecería que hablan de eso y ponerlas de tal manera que, al final, consigan su objetivo. Por ejemplo, un disco heterodoxo de amor sería el 69 Love Songs de Magnetic Fields, donde muchas de las canciones hablaban de cualquier cosa excepto de estar enamorado y, sin embargo, todas eran auténticas y sinceras exploraciones de ese sentimiento.

Joe Crepúsculo firma su segundo disco en menos de un año con ese reto. Supercrepus, disco palíndromo, ambiciona hablar de mil maneras distintas sobre el amor. Y para eso no tiene reparo en citar a alguien tan poco pop como San Agustin (en ‘Ama y haz lo que quieras’) o en afirmar que es difícil ‘Amar en tiempos de democracia’. Y lo mejor de todo es que enfoques como ésos, que en manos de otros parecerían simples boutades, en las de Crepúsculo tienen un brillo deslumbrante.

Ya hace unos meses, en Escuela de Zebras, Joe Crepúsculo dejó una gran canción de amor, candidata a estar entre lo mejor del año (‘Gabriela’). Ahora va más lejos, creando un disco que es un bloque sólido, lleno de misterios, de esquinas sin iluminar, de detalles que sólo se aprecian con las escuchas sucesivas.

Supercrepus es menos directo que su anterior obra. A cambio, tiene canciones más solidas, un enfoque aún más arriesgado y mantiene la sensación de que con Joe ha nacido un músico de talento desbordante, capaz de hacer de lo extraño una buena canción pop que corear.

Dividido en dos partes (Super y Crepus), todo es muy Astrud, pero adelantando a los austrohúngaros por la izquierda y saludando al pasar. Desde ‘Baraja de Cuchillos’ a ‘Los Faunos’ (fin de la primera parte)y después hasta ‘El Día de la Sardina’ todo en el disco es un reguero de canciones sorpredentes, contagiosas y muy únicas. A día de hoy, sólo Joe Crepúsculo puede aspirar a hacer lo que él: tecnopop con cacharrería de segunda mano, con un ingenio y una vitalidad desbordante y unas letras extrañísimas que, sin embargo, no son sólo raras, sino también efectivas.

No sólo es que aquí esté una de las canciones del pop español del año (bien titulada ‘La canción de tu vida’), sino que todo en Supercrepus desprende esa sensación intoxicante, extraña, de los músicos imprescindibles. La relectura del ‘No me acostumbro’

Cada vez que escucho Supercrepus (y también Escuela de Zebras) me llena la misma sensación que con los discos que firma Luke Haines (Auteurs, Black Box Recorder): la de estar ante alguien tan peculiar y con tanta capacidad para entender el pop que ha decidido deformarlo a su gusto, asfixiarlo con su mundo interior. En el caso de Joe, uno lleno de navajas.

Como el rayo que atraviesa las heridas: así es Supercrepus. Signifique lo que signifique eso. Y si las corrientes son certeras, que muchas veces lo son, no se quedará en anécdota.

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