
La noticia de su separación era más o menos esperada. La carrera de Manta Ray ha dejado ya muchos discos, varios de ellos entre lo mejor de la música española de los últimos años, pero parecÃa difÃcil que siguiera mucho tiempo, sobre todo viendo los últimos conciertos del grupo, que aplicaban el lema “mejor arder que desvanecerse” a todo su repertorio. También porque cada integrante del grupo andaba ya por un sitio de España y cada vez era más complicado reunirlos.
Para algunos ha sido una noticia positiva, sobre todo para los que creen que el grupo ya habÃa dado todo lo que llevaba dentro. Para el resto, siempre nos quedará su abultada producción discográfica, que en doce años deja paradas suficientes como para que en Hipersónica hagamos un repaso en tres partes.
Manta Ray (1995)
El debut en largo del grupo fue un golpe en toda la cara. No sólo dejaba en agua de borrajas a su primer ep y al single de presentación, sino que demostraba cómo la mayor parte de la primera generación indie habÃa seguido los mismo patrones hasta aburrir a las ovejas. Y Manta Ray optaban por otra lÃnea, mucho más emotiva y fácil de querer y, además, lo hacÃan con una solvencia instrumental fuera de duda. Ya no es que el debut sonase bien, sino que en directo dejaban con la boca abierta todos los que les veÃan.
Aún hoy, el debut del grupo asturiano sigue siendo su mejor disco. El más emocionante, de eso no hay duda. La voz de Rubio nunca ha vuelto a estar tan en primer plano, nunca ha guiado con tanta pasión las melodÃas de sus compañeros. En realidad, ninguno de ellos hizo las cosas tan de corazón como en este disco. Luego su música se pudo disfrutar de otra manera, pero en Manta Ray la única manera posible que habÃa de entrar en ella era abriéndose las heridas y dejando que este disco las sanara.
Como en los discos de Come, el rock se utilizó aquà para ponernos los pelos de punta. Mientras trileros varios optan por todos los trucos más manidos del rock épico para emocionar, Manta Ray utilizaron el noise, con tonos muy blues, para trazar sin trampa ni cartón una lÃnea invisible que recorre las diez canciones de su primer disco, un rastro en el que las lágrimas, el drama, el dolor y el sentimiento sincero se unen para crear uno de los mejores discos españoles de los 90.
Desde el fascinante instrumental que es Adamo, Manta Ray avisan de que lo que contiene este disco no es precisamente normal. Guitarras en ebullición y puestas a llorar, una baterÃa metronómica, un ritmo fascinante, violines y explosiones de furia, algún pequeño retoque electrónico… Sin voz, pero con todo lo que va a contener el disco.
Tin Pan Alley (Imeem) fue, desde el primer momento, uno de sus clásicos. Quizás la más teatral del lote, al menos en su versión en disco, aunque eso no sea un defecto. Por contraste con The Last Crumbs of Love (doliente, pero casi en acústico), sus guitarrazos marcaban un camino que el disco iba a seguir en varias ocasiones, como por ejemplo en otra de las imprescindibles I Send Tou You My Blues, quizás la canción donde más clara se ve la afinidad con Come.
Otro de los grandes aciertos del disco es la secuenciación. Aplican casi de manera milimétrica la fórmula canción lenta y larga-canción corta y de mayor ritmo, con lo que cada una de las canciones se beneficia de la anterior y, a su vez, da un perfecto contrapunto a la que le sigue. Mi sensación como oyente cuando me pongo Manta Ray siempre ha sido que cada canción es mejor que la anterior, que el disco está en una rampa de lanzamiento.
Lo curioso es que para el final queda lo más emotivo (con el breve parón de Crazy Town). Los casi siete minutos de Secrets (Imeem), que parecen extraÃdos de un disco de Afghan Whigs, dejan sin aliento, con José Luis GarcÃa perfecto en las voces y todo el grupo creando una sugestiva, misteriosa y en última instancia desarmante base instrumental. Si se le puede poner alguna pega (como a todo el disco), es que las guitarras se quedaron en un segundo plano demasiado tÃmido.
La acústica Someone Else´s Life (Imeem) es otra demostración de grandeza de Rubio: un tema básico al que su garganta lleva muy lejos. AquÃ, además, brilla la producción, que crea una bruma como de terror que da aún más brillo a la penúltima canción del disco. Y, finalmente, Manta Raya acaban su debut con la promesa de un futuro envidiable. Ningún grupo español podÃa aspirar en 1995 a crear algo como Canción de cumpleaños para el Señor Miseria, un paraje mÃnimo, desolado y susurrado, inquietante a la par que adictivo. Como cierre de un disco tan apasionado que nunca cae en el exceso, no se me ocurre mejor canción. Sobresaliente.
Diminuto Cielo (1997)
Con la reputación consolidada después de su magnÃfico debut y, sobre todo, de sus actuaciones en directo, Manta Ray dedicaron 1997 a proyectos conjuntos. La más esperada fue la que les unió a Corcobado, tras el gran resultado que dio su unión para el disco de homenaje al cine español, en el que dieron a la banda sonora de El Crack una cara inesperada.
AsÃ, con las expectativas por todo lo alto, Diminuto Cielo cayó como una losa. No era, ni mucho menos, el disco que iba a dar validez a todos los excesos y los patinazos de Javier Corcobado. tanto a uno como a otros se les ve agarrotados, demasiado frÃos, menos pasionales de lo que se habÃa vaticinado. Lo que sobre el papel pintó como el dúo perfecto, en la realidad dejó pocas estocadas por todo lo alto y bastantes más bajonazos de lo esperado.
A traición, Hoy no existo (Imeem) o Radio son de lo mejor del lote, con la banda y el cantante conjuntados como se esperaba, aunque se echa de menos una mayor agresividad, como si la mezcla hubiese beneficiado la voz de Javier Corcobado por encima de la música casi virtuosa de Manta Ray. Sólo en Cadalso de Amor y Odio aparece esa tensión.
En el lado negativo de la balanza está la ridÃcula Vida y Muerte, con algunos de los peores versos firmados por Corcobado, que siempre camina al borde del exceso. También la cariñosa pero aburrida Luna o la poco conseguida Puta, que sin embargo avanzaba por donde iban a ir los tiros en el próximo disco en solitario de Manta Ray. Jugador tampoco consigue que su vodevil ruidoso llegue a buen puerto, aunque la idea no es despreciable.
Personalmente, me quedó con la belleza de Gitanita, con un trenzado de guitarras y arreglos de lo más dulce, y con Corcobado dejándose de excursiones por el lado chungo de la vida. También Cine de Verano (Imeem), bonita reconstrucción del verano eterno y del tiempo perdido. Y sÃ, sé que Getsemanà (versión de Jesucristo Superstar) está sobreactuada en disco y que en directo, en aquella gira conjunta, sonó mucho mejor (como todo el disco, de hecho), pero no puedo evitar acudir a ella cada cierto tiempo. Bien.
La última melodÃa de seducción (1997)
El segundo de los poryectos conjuntos también hizo salivar a muchos aficionados: el grupo español más en forma del momento junto al rock francés más avanzado. Sin embargo, al final se quedó en un ep en el que los Diabologum y Manta Ray pusieron tres canciones cada uno por separado y no decidieron juntarse a crear una composición propia y exclusiva.
Asà que, tras lo frustrante de un anuncio de algo que no fue tal, lo que queda es, pese a todo, un proyecto que llega muy arriba, sobre todo porque contiene una de las mejores canciones de toda la carrera de Manta Ray y la primera en la que se atrevieron a cantar en español.
Los casi nueve minutos de Sol (Imeem) suponen lo más cerca que el grupo asturiano ha estado nunca del post-rock, con un largo desarrollo instrumental en el que se cuela un Theremin y un Moog (ya se notaba la presencia de Frank Rudow) y que apuesta sin rubor por la épica. Sol será una de las últimas ocasiones en que José Luis GarcÃa deja ver su voz en todo su esplendor dramático, porque al poco decidirÃa tratarla como un instrumento más, dejarla en segundo plano, algo que muchos hemos considerado un error pero que Manta Ray nunca han reconsiderado siquiera.
My Hell es otra canción estimable, aunque incide en la senda cada vez más cerebral que iba a emprender el grupo, donde la electrónica y el tratamiento de guitarras y voces iba a coger un papel principal para el grupo. Y, por último, el ep incluye una regrabación de Canción de Cumpleaños para el Señor Miseria, también cantada en español, que no logra mantener el encanto de la original, pese a introducir un buen piano. Si no fuera por Sol, esto se quedarÃa en un bien (y muy por debajo de lo que hacÃan en la segunda mitad del disco Diabologum), pero gracias a esa canción puntúa más alto.