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Pond, Beard, Wives, Denim

Empecemos por lo simple: Pond es el proyecto paralelo de dos miembros de Tame Impala, la fascinante banda australiana que hace dos años se marcaron Innerspeaker o cómo dibujar caleidoscopios mediante guitarras saturadas. Bien, Paisley Adams y Jay Watson, bajista y batería de Tame Impala son dos chavales que apenas superan la veintena. Y son francos en sus intenciones: ¿Tame Impala? Cosa seria. ¿Pond? No, ni de coña.

Por un pop sin poses

Inicialmente, Pond no se tomaron demasiado en serio a sí mismos. Cuesta creer que lo sigan haciendo. El propio Watson reivindica aquí desdramatizar la figura de la estrella del rock y devolverla al mundo terrenal. También cita como referencia a un grupo de cómicos británicos. ¿Es una broma? No, de ningún modo. Pond no son ninguna broma. Y su cuarto disco en apenas unos cuantos años, Beard, Wives, Denim, tampoco. Es, simplemente, la clase de actitud que deberían tener todos los grupos jóvenes ante su trabajo:

There’s too much “I’m an artist” in music, and i’s a bit pretentious. You see it all the time in bands, and you can hear it in their music. I think back in the day, people took themselves a bit less seriously. Even the biggest rock stars in the world like the Stones and Hendrix took themselves less seriously than people do now. Even in the small indie bands… they think they’re like Arcade Fire.

Obviamente Pond se desenvuelve en el mismo campo psicodélico que Tame Impala, pero lo hacen desde otra óptica. Optan por el garage, por los sesenta sin ambages, y se dedican a fusilar a todos sus ídolos uno a uno, comenzando por los Stooges, terminando por los Kinks y haciendo un par de paradas nada triviales por los 13th Floor Elevators. Es el mismo espíritu mediante el que Woods debería enamoraros a todos (y si no lo hacéis es porque no habéis entendido nada), pero más festivo y menos frugal, repleto de drogas no para enamorarse y sí para desfasar.

Por ejemplo, ‘Fantastic Explosion of Time’. Es que no ocultan nada. Se deslizan apasionadamente, eufóricos, y se olvidan de sus aciertos y sus defectos. Se dejan llevar, y las canciones se les alargan, se les vuelven densas, a ratos incluso desproporcionadas y surrealistas, pero luego, en algún momento, regresan. Y son capaces de condensar la melancolía adolescente en el órgano de juguete que abre ‘You Broke My Cool’ y el riff lacrimógeno que empapa toda la canción de la nostalgia de lo que un día fuimos y no volveremos a ser.

Todo aquel ambiente bajonero de Innerspeaker (por cierto, Watson también ha anunciado nuevo disco de Tame Impala para este año) desaparece completamente en Pond. Bienvenidos a la psicodelia que os hace amar la vida, aunque a veces nos maree y nos haga creer que es un mal viaje. Nada de eso: las curvas están bien, las rectas son perfectas pero aburridas.

En la sombra saltamos al vacío

Él mismo reconoce que Pond no es un proyecto especialmente relevante. Han tocado con MGMT (los falsetes de ‘Moth Wings’, por ejemplo) y han tenido cierto eco en Australia. Lo importante es Tame Impala. La ausencia de presión, las andanzas en la sombra, les permiten saltar al vacío y no reflexionar demasiado. Son jóvenes, así que el resultado es la enrabietada ‘Leisure Pony’, pero también ‘Dig Brother’ o ‘Sun And Sea And You’, que rellenan un minutaje excesivo.

Pero es lo mismo. Pond es un grupo al que querer tanto por sus aciertos como por sus defectos, porque están concebidos para ello. Nada es relevante, todo es trivial, todo es un perpetuo canto a la juventud y a equivocarse. Porque ellos han comprendido que no hay nada más fantástico que equivocarse, y quieren contarlo con grandes aciertos.

7'90Hay más motivos para sucumbir ante Beard, Wives, Denim que para aborrecerlo. Se me ocurre ‘When It Explodes’ y su largo e increíble desarrollo. El ritmo casi funky, sincopado, de ‘Elegant Design’. La psicodelia etérea de ‘Sorry I Was Under The Sky’. O ‘Moreno’s Blend’, entre risas, entre amigos, el reverb, la guitarra acústica, el verano, que ya está aquí, tan imperfecto, tan maravillosamente intrascendente como ellos. El broche final perfecto y una canción para disfrutar todas las noches de agosto. No debemos escudarnos en supuestos clichés de exigentes melómanos: la intrascendencia es una opción. Sobre todo si es tan divertida.

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