
“Post-romántico”, define David Berman a Lookout Mountain, Lookout Sea. Es una gran descripción para el sexto álbum de una banda que no ha sucumbido a la tortuosa vida de su lÃder y que, además, hasabido reinventarse con tino.
Después de su intento de sucidido, ya entrado en el nuevo milenio, David Berman decidió dejar de ser, musicalmente, la persona que hasta entonces habÃa sido. Abandonó la estética de baja fidelidad y abrazó el rock en un gran disco de resurrección, Tanglewood Numbers, que le dio más hits que toda su carrera anterior al frente de los Silver Jews. Nadie se quejó, a pesar de que sus discos siempre habÃan tenido a un puñado de fieles seguidores que bien podrÃan haber protestado por la nueva orientación. No sólo es que sonase más limpio, menos loco, mejor; es también que habÃa grandes canciones, que la inspiración seguà a en el nivel más alto.
Ahora, con Lookout Mountain, Lookout Sea, Berman suena como el abuelo que narra batallitas de su vida. Y eso no es algo peyorativo: a este disco hay que escucharlo con la misma admiración que deberÃamos tener por quienes, una vez que ya han vivido todo, lo recuerdan y nos lo cuentan porque, en el fondo, es su única posibilidad de que no se pierda en el vacÃo del tiempo.