Wolf Parade - At Mount Zoomer

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Wolf Parade - At Mount Zoomer

No es que sea un mal disco, pero el segundo de Wolf Parade, At Mount Zoomer, ni rompe ni rasga. Ni sorprende como el debut de la banda ni lleva tampoco un camino demasiado claro. Se queda a medio camino entre lo que fue Apologies to Queen Mary y lo que han sido los dos discos posteriores de Sunset Rubdown, el proyecto paralelo de Spencer Kraug, una de las cabezas pensantes del grupo, y el de Handsome Furs, de Dan Boeckner (la otra mitad pensante del grupo) .

Han necesitado tres años para continuar lo que su debut plasmó: canciones frenéticas, coros imposibles, voces esquizofrénicas y un sentimiento de épica indierock que daba gusto oír. Ahora, el factor sorpresa se ha perdido por completo y también, me temo, parte de la chispa de aquel magnífico primer disco. A At Mount Zoomer le faltan las canciones asidero que tenía Apologies to Queen Mary: esa ‘I´ll Believe in Anything’, esa ‘Fancy Claps’, esa ‘Dinner Bells’...

Todo en este segundo álbum es más predecible. La locura de ambos compositores nos la sabemos y sus canciones quebradizas imponen ahora menos respeto, aunque sigue habiendo momentos estelares: el comienzo del disco, con Soldier´s Grin, es fantástico; todo un puzzle de arranques y parones guitarreros que, además, seguido por la mucho más corriente aunque efectiva Call It Ritual (imeem) funciona a la perfección como puerta de entrada.

Sin embargo, poco a poco la brillantez inicial se va diluyendo en tramos de canciones más corrientes, en menos sobresaltos y en estribillos que no puedes cantar. Porque una de las virtudes de Apologies To Queen Mary fue que, entra tanta canción compuesta de 20 temas diferentes, siempre acababas cantando. Aparte de ‘Language City’, el pop de uso correinte casi ha desaparecido de su repertorio: ahora necesitan ser siempre los más enrevesados.

Además, Wolf Parade parecen mucho más cerebrales, menos épicos. A diferencia de Arcade Fire en Neon Bible, en vez de aumentar la fórmula, de hacerla más grande, ellos han optado porque la épica que utilizan esté hecha menos con el corazón que con la cabeza. Y eso termina por enfriar el conjunto, por hacerlo menos imprescindible.

Al final, prevalece la sensación de que el disco tiene muchas cosas por descubrir al oyente, pero que éste siempre acaba abrumado. A mí, todas las veces que lo escucho, At Mount Zoomer se me hace largo, agotador. Nunca llegó con fuerzas ni con ganas de afrontar los diez minutos finales de Kissing The Beehive en condiciones. Y siempre he tenido problemas con los discos que me dejan exhausto. Sinceramente, me esperaba más

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