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Cajas de música difíciles de Parar

La melomanía de algunos puede llevar hasta el punto de querer conocer todo el poso que queda detrás de cada artista, asimilarlo hasta sus últimas consecuencias. Cajas de música difíciles de parar fue el segundo disco de la discografía en solitario de Nacho Vegas. El escritor y periodista Carlos Prieto ha querido llevarnos hasta el período en que se gestó y grabó una de las obras claves en la carrera del cantautor asturiano, descubrir las claves y los personajes tras las canciones. ¿Lo habrá conseguido?

El desencanto de un autor comprometido

UNO. Los libros sobre discos parten normalmente con dos premisas distintas. La primera, no es necesario ahondar en el personaje y sus circunstancias para conocer en profundidad las letras de las que se está hablando: el autor y el protagonista de las canciones no son la misma persona. La segunda, que el escritor de canciones es ya, de por sí, un actor de sus propias canciones: todo está escrito y no son necesarias más interpretaciones más allá que la que cada cual le quiera dar. En el caso de Nacho Vegas, el fenómeno fan va en muchas ocasiones mucho más lejos, el personaje (creado o no) es tan grandioso que las interpretaciones siempre han ido mucho más allá de la realidad. 

Huelga decir que la figura del asturiano siempre ha generado leyendas por donde quiera que ha pasado, quizás alimentadas por él mismo o su entorno para sacar más rédito a un malditismo que siempre vende. Los paisajes urbanos de depresión, alcohol, drogas y promiscuidad nos atraen con la misma fuerza de un ciclón. Sabemos que es negativo, pero todo prohibido mola. 

Entonces, ¿es necesario ir detrás de toda la mitología circunstancial del autor para descubrir todas las sensaciones que resultan de las canciones? A mi parecer, no. Es más, creo que conocer toda la verdad y los porqués de cada frase no me añade mucho más. Prefiero hacer mías las canciones y asimilarlas a mi manera personal, como si estuvieran escritas para mí en cada momento vital. Es la magia de la música.

DOS. A pesar de que los intentos por desentrañar los contextos políticos, familiares y vitales de ese primer Nacho Vegas tras su divorcio de Manta Ray sean del todo propicios para un auténtico manual de autodestrucción personal, Carlos Prieto ha intentado mantenerse al margen de todo. 

Desengranando punto por punto, mediante entrevistas a gente del entorno del asturiano, los porqués para ese viaje interior al pesimismo vital, no consigue del todo el efecto deseado. Principalmente porque la voz del autor aparece de manera muy personal para puntualizar algunas declaraciones. Y, segundo, porque a veces el material parece excesivamente desorganizado, hasta el punto de generar un caos que hace la lectura muy pesada. Uno no sabe ya en qué año ni dónde se encuentra.

La persona vs. El personaje

TRES. A lo largo de la lectura, vemos que la voz del mismo Vegas aparece como diluida. Realmente, ¿cuál es su papel en el libro? Aunque sea complicado disociar la voz personal de la profesional en el caso de un autor como es él, todo el rato se nos pinta a un personaje víctima de su mundo.

Sea porque el propio cantautor no se expresa de manera directa (la mayoría de declaraciones son fruto de entrevistas anteriores) o porque hablamos de interpretaciones, parece que muchos asuntos se tratan desde la banda, sin entrar a fondo en ellos. 

Cabe preguntarse qué buscamos al analizar la obra de un autor tan personal como es el caso del asturiano. Si el conocer de primera o tercera mano ciertos datos (escabrosos o no) sobre el significado de las letras nos aporta o cambia nuestra visión de las canciones.

Hipersónica vota un 4O si, por contra, nos ayudaría mucho más saber cuáles son los procesos de construcción de los discos, desde un punto de vista más “profesional”. Supongo que siempre nos quedará la duda, al menos en este caso. 

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