Los cinco mejores discos debut de rock

Cuando uno piensa en grandes discos debut de la historia del rock, le vienen a la mente trabajos como Led Zeppelin I, Are You Experienced o My Generation, todos ellos con unas cuantas décadas a sus espalda. Sí, estamos de acuerdo en que la época dorada del rock fueron los 60 y los 70, pero ello no debe impedirnos admitir que hemos tenido grandes alumbramientos en lo poco que llevamos de siglo.

Pensando en ello me vino a la mente esta lista que ahora estoy escribiendo, y en la que pretendo recoger los que en mi opinón son los mejores discos debut de rock que se han dado en el Siglo XXI. Para que nadie se extrañe, aclararé que dejo fuera de la lista a subgéneros como el rock progresivo o el indie rock, lo que descarta a grandes debuts como los de The Arcade Fire o The Mars Volta, a los cuales bien podría dedicarles algún artículo otro día.

Aclarado este punto, arranco ya con los que, en mi opinión, son los cinco estrenos rockeros imprescindibles de esta centuria. Naturalmente, espero que uséis los comentarios para decirme cuáles son los vuestros.

A Perfect Circle – Mer de Noms (2000)

Vale, lo sé, técnicamente este disco es del siglo pasado por haber sido publicado en el año 2000, pero no he podido resistirme a incluirlo como arranque de esta lista. Con Maynard James Keenan, vocalista de Tool y el guitarrista Billy Howerdel como cabecillas, este supergrupo lanzaba su primer y hasta la fecha mejor obra en mayo de aquel año. Se trata de un disco inmaculado, preciso al extremo, todo lo que cabría esperar de una mezcla de talentos como la que se dio para su concepción.

Con algún que otro cambio en la formación original, A Perfect Circle han editado otros dos discos desde entonces, y algunos de sus miembros están actualmente componiendo nuevos temas. No obstante, a tenor de las últimas declaraciones de Maynard, no está del todo claro si éstos conformarán un disco en condiciones, o si las irán distribuyendo sin ningún orden en particular.

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Audioslave – Audioslave (2002)

A todos nos fastidió la forma en que Zack de la Rocha salió de Rage Against the Machine, poniendo con ello fin (ahora ya sabemos que sólo temporalmente) a una de las bandas más grandes de la historia de la música. No obstante, sus tres miembros restantes tuvieron la decencia de no conservar el nombre al cambiar el cantante, y con la llegada de Chris Cornell firmaron un disco que consiguió convencer hasta a los más escépticos ante esta nueva etapa.

Obviamente, esperar de él un nuevo disco de Rage Against the Machine o de Soundgarden hubiera sido un error. En realidad, este LP homónimo tiene buena parte de una y de otra, sabiendo aprovechar lo mejor de ambas formaciones para obtener un resultado totalmente diferente, un rock más elemental, pero igualmente sobresaliente. Los discos siguientes irían definiendo el estilo de Audioslave, pero ninguno llegó a gustarme tanto como éste.

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The Darkness – Permission to Land (2003)

2003 fue el año de The Darkness, quienes consiguieron conquistar con su inspiradísimo Permission to Land hasta a los más reticentes al hard rock, gracias entre otras cosas a temazos tan irresistibles como este ‘I Believe in a Thing Called Love’ o a ‘Black Shuck’. No necesitaron inventar nada para conseguirlo, sino simplemente tomar nota de cómo lo habían hecho los mejores y dejar volar sus ganas de rock.

La historia de The Darkness es la de otras tantas grandes bandas de hard rock, pero comprimida a poco más de un lustro de historia: debutaron con un primer disco excepcional, tras el cual empezaron a venir los problemas entre los miembros de la banda; un segundo trabajo no tan brillante y el líder en una clínica de rehabilitación desembocaron en su ruptura. Dicen los rumores que este 2009 volveremos a verlos juntos, aunque yo no pondría la mano en el fuego por ello.

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Wolfmother – Wolfmother (2005)

El caso de Wolfmother es bastante parecido al que explicaba hace unas líneas para The Darkness, con la salvedad de que ellos no necesitaron un segundo disco para acabar como el rosario de la aurora. No sabemos qué saldrá de esta nueva etapa que empiezan ahora, con Andrew Stockdale como único superviviente del trío original; pero lo que sí podemos tener claro, es que su estreno resultó ser un discazo.

Sin intentar ocultar en ningún momento su más que evidente deuda a los grandes, como Black Sabbath o Led Zeppelin, estos australianos consiguieron parir un disco que perfectamente podría haber sido editado en los 70 y haber quedado olvidado en algún cajón, hasta salir a la luz en el siglo XXI.

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Airbourne – Runnin’ Wild (2007)

Y no me marcho de las Antípodas, pues desde allí nos llegó la última gran sensación del hard rock hace no mucho. En realidad, un primer EP titulado Ready to Rock ya llevaba circulando desde unos años antes, pero su explosión internacional llegó con este primer elepé. Por sus maneras y por su nacionalidad, las comparaciones con AC/DC les han perseguido desde el primer minuto, pero estos rockeros han demostrado con este disco tener talento suficiente como para conseguir librarse de la etiqueta.

Este año lanzan su segundo trabajo, inmejorable oportunidad para demostrar que son lo bastante ambiciosos como para no vivir de las rentas de Bon Scott y los Young. Sea como fuere, y a no ser que nos llevemos alguna sorpresa en lo que queda de año, el suyo bien puede ser considerardo el último gran debut de rock puro de esta primera década de Siglo XXI.

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