La tarde de perros no invitaba a acercarse hasta Gijón pero teniendo en cuenta que había un grupo japonés en el Bola 8, que traía la promotora Green Mammoth (gracias Nacho), la visita era obligada. El grupo en cuestión era Birushanah, una banda de Osaka que presentaba en directo su primer larga duración Akai Yami (Level Plane Records, 2008).
Si en este disco nos encontramos con folk japonés, doom y progresivo, en directo su propuesta se convierte en algo absolutamente demoledor, un torbellino, una espiral de adrenalina y caos controlado tocado con precisión de cirujano y con mucho de improvisación.
En efecto, nada o poco que ver con lo que nos encontramos en este, por otro lado, excepcional álbum de debut publicado hace unas semanas. En el escenario un bajista, Sougyo (ex Corrupted) con un tambor tribal nipón a sus pies, un guitarra, Iso, ex Tetsuo, con pinta de heavy malote, un batería, Kouhei, con pinta de batería que a poco de comenzar se quitó la camiseta y mostró unos espléndidos tatuajes en su torso, y un percusionista, Wakki, con un look casual.
La diferencia fundamental respecto a otras bandas de doom más clásicas y monolíticas reside en que Wakki tiene delante de él unas percusiones más propias de un grupo industrial (me estoy acordando de Einstürzende Neubauten), con una plancha metálica del tipo de las que se usan para tapar socavones en la calle, un bidón de combustible y una llanta de coche.
Claro está, cuando el batería y el percusionista funcionaban a pleno rendimiento la contundencia y la intensidad del sonido era verdaderamente apabullante, son increiblemente, creedme o no, más veloces que cualquier banda en su espectro, incluso que Corrupted.
No duró mucho su actuación, unos cuarenta minutos más un bis, pero ante tamaña exhibición de música extrema hay que descubrirse el sombrero. Porque esa mezcla de percusiones, guitarrazos secos y punzantes, voces que no eran voces sino alaridos del inframundo y un bajo fretless tocado afinado bastante grave y tocado con una técnia de tapping y slapping increíble, hay que sentirla en el cuerpo para poder procesarla.
Los avilesinos Humo, con miembros de Posession, os debo la crítica de su genial nuevo disco Memento Mori, y La Muerte Humana, a los que pude escuchar un par de temas, estuvieron correctos con un sludge viscoso y aguerrido. Su eje de mejora son las partes vocales porque instrumentalmente, especialmente en la batería, van más que sobrados.
MySpace | Birushanah
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Fotografías | Víctor Rodríguez
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