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Marat

La muerte es un hecho tan terrible y doloroso como inevitable. Expuestos a ella, sin ninguna posibilidad de defensa, hay pocas trincheras que podamos cavar para escondernos del dolor. Pero alguna hay, y la pala para cavarla bien podría ser cualquier canción que elijáis. La música es un arma ideal para lidiar, lo poco que podamos, con la muerte. Para hundirnos en la terrible soledad, para olvidarnos de ella, para salir adelante, para sonreír, para llorar, para recordar. Da lo mismo. Aquí tenéis cinco canciones para superar el luto.

The Microphones – ‘I Want to Blind the Wind’ + ‘The Glow’

¿Es The Glow, Part. 2 el mejor disco de folk intimista grabado en el siglo XXI y parte del siglo XX? Probablemente. Antes de quemar las cenizas de su alma en todos y cada uno de los discos de Mount Eerie, Phil Elverum coqueteaba con el lo-fi, las guitarras desafinadas y las canciones para el dolor, la soledad y la muerte desde el sótano de su casa. The Microphones legaron una obra maestra y un disco al que temer. A mí me sigue aterrando acercarme a sus canciones, porque condensan todos mis miedos y me transportan a las pesadillas vitales en las que más he sufrido y en las que más sufriré. Y porque, pese a todo, tienen un golpe redentor indescifrable pero maravilloso.

Have a Nice Life – ‘Bloodhail’

Giles Corey ha cimentado toda su, hasta el momento brillante, carrera en torno al concepto de la muerte en sus distintas formas. Pero no desde una perspectiva reverencial y extasiada, como Arcade Fire, sino desde la auténtica penumbra. Marat en la bañera, el tenebroso deseo de una vida mejor, Have a Nice Life, su proyecto más célebre, atraviesa el concepto del luto desde su inquietante inicio hasta su final. Una de sus canciones más brillantes, adictivas, apesumbradas y tétricas es ‘Bloodhail’, que se olvida del tedio de otras fases de Deathconsciousness para instalarse en lo más profundo de la conciencia. En el punto exacto en el que nuestro cerebro activa la adicción al dolor.

The Cure – ‘Plainsong’ + ‘Pictures of You’

¿Cuántas veces somos capaces de volver a Disintegration? ¿Cuántas veces somos capaces de desintegrarnos? La muerte es desintegración, y pocos grupos en los ochenta lograron acercarse tanto a ella como The Cure. Disintegration es seguramente su mejor disco, el que recuperó su fase gótica desde la melodía y la grandilocuencia fúnebre. No sé cuántas veces he escuchado el inicio de ‘Plainsong’ ni cuántas veces he repetido una y otra vez, hasta reír y llorar, “There was nothing in the world / That I ever wanted more / Than to feel you deep in my heart / There was nothing in the world / That I ever wanted more /Than to never feel the breaking apart / All my pictures of you”.

The Durutti Column – ‘Sketch For Dawn I’

Vini Reilly opina que se podía pintar, con unos sintetizadores y unas guitarras, el vacío. No el vacío físico, sino el emocional: The Durutti Column, el grupo olvidado del post-punk y la new wave, el grupo que surgió de un cartel erróneo sobre José Buenaventura Durruti, creían en la música como vehículo para alcanzar la nada. Su disco más célebre, LC, transita entre medios tiempos atmosféricos que conducen hacia el vacío interior. A un punto ingrávido donde nada importa, ni siquiera la imborrable impronta de la muerte de un ser querido. Pocas canciones resumen con tanto talento un concepto sonoro como ‘Sketch For Dawn I’.

Jeff Buckley – ‘Hallelujah’

Tengo meridianamente a qué tres discos recurriría a las pocas horas y días de sufrir la pérdida de un ser querido. Funeral, Teen Dream y Grace. No tengo por qué justificarlo, son míos y me servirían a mí. Merece la pena, por más recurrente que parezca, recordar el histrionismo de Jeff Buckley y su portentosa capacidad para hacer de la vida y la muerte una obra de teatro. ‘Hallelujah’, la versión de Leonard Cohen que culminó el maravilloso, inagotable y fantástico Grace, es un pilar robusto al que aferrarse siempre que arrecie la tormenta. Cada una de las estrofas de Cohen alcanza un grado de empatía terrorífico en manos de un Buckley en estado de gracia, al que la muerte, cómo evitarlo, se llevó demasiado pronto. O no. Porque Grace son mil discos en uno solo, todos tan emocionantes como la primera vez.

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