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Steven Wilson

La figura de Steven Wilson ha sido mitifacada durante las últimas décadas a la hora de hablar de Rock Progresivo. Recientemente su figura se ha visto aun más ensalzada, llegando a ser denominado el gurú del Prog de los últimos años, aunque no conviene olvidar que lo de Wilson no es precisamente nuevo. Lleva años siendo uno de los nombres propios de esta maravillosa vertiente rockera y su dilatada trayectoria discográfica así lo demuestra. Por eso, hoy vamos a ver cinco de las obras más imprescindibles para entender la personalidad de Wilson. Tal vez no sean sus mejores trabajos, pero sí sirven para poder ver las múltiples facetas de la figura de este gurú progresivo.

Porcupine Tree – The Sky Moves Sideways (1995)

Tras finales de los setenta y toda la década de los ochenta, el género Progresivo (el rockero al menos) vivió una intensa crisis creativa. Pink Floyd se habían desmembrado, King Crimson se pasaron al New Wave (lo que ahora es pasarse al Dubstep) y Genesis estaban comandados por Phil Collins (este hombre merece un sitio en el infierno por cometer tal atrocidad). Cierto que por esa época nacieron Marillion y IQ, pero esa era una vertiente con otra filosofía sobre el Prog.

Tuvieron que llegar gente como Wilson liderando a Porcupine Tree para dar un lavado de cara al género a base de volver a las raíces de las que surgió. Wilson lo hizo y fue creciendo como compositor hasta llegar a una de sus cimas creativas. Con The Sky Moves Sideways fue donde la gente comenzó a ver a Porcupine Tree como los Pink Floyd de los noventa. Podría decirse que este álbum era su Wish You Where Here particular, y no solo por un incluir un corte largo dividido en dos partes, cada una al principio y al final del LP. Los ingleses ejecutaron un despliegue progresivo de alta calidad, sabiendo beber de los grupos fundadores y comenzando a sentar las bases que definirían su sonido en el futuro.

Porcupine Tree – Lightbulb Sun (2000)

Un poco antes de entrar en el siglo XXI, Wilson y su trupé llegaron a un momento realmente especial y dulce en su carrera. Ya habían definido su fórmula por completo y estaban entrando en su cima creativa. Para poder comprender realmente a Porcupine Tree y, por ende, a Steven Wilson, no hay nada como echar un vistazo a la triada de discos formada por Stupid Dream (1999), Lightbulb Sun (2000) e In Absentia (2003) que se puede considerar como el mejor momento de la discografía de la banda.

A la hora de elegir uno, me quedo con la pieza central, Lightbulb Sun. Aunque los otros dos álbumes son realmente asombrosos, este disco tiene un algo especial para mi que me hace verlo con mayor perspectiva (aunque no mucha) con respecto a los otros. Porque, aunque para muchos no sea así, el Prog también puede ser bonito. Puede emocionar, puede tocar la fibra interna de cada uno y deleitar su paladar melómano desde el interior. Así funcionaron Porcupine a la hora de entrar al nuevo siglo.

Porcupine Tree – Deadwing (2005)

Desde aquí voy a reivindicar Deadwing, mi predilección personal a la hora de hablar de Porcupine Tree y de toda la trayectoria de Steven Wilson en general, y el cual es una obra que no tiene nada que envidiar a la trilogía dorada de la banda mencionada anteriormente. Una pieza de magnífica factura con una brillantez y exquisitez al alcance de unos pocos elegidos. Pero ya sabemos que Wilson tiene una creatividad superior a la media.

Con Deadwing redimensionó la música de la banda. Le imprimió más músculo al sonido haciendo que este roce la categoría de Metal en la mayor parte del tiempo, evidenciando los factores que ligeramente tocaron en In Absentia. Aquí no se olvida de realizar melodías suaves y oníricas, pero también encontramos las composiciones más rocosas y duras del británico. Aparte, estamos hablando de un álbum que contiene temas espectaculares que se defienden por sí mismos, un hecho loable al hablar del género Progresivo puesto que en esta etiqueta se prima más el resultado conjunto que los temas individuales. Y este trabajo cumple sobradamente en ambos aspectos, por eso este trabajo tiene mayor repercusión en mi persona.

Storm Corrosion – Storm Corrosion (2012)

A la hora de hablar de Steven Wilson, no podemos obviar a una persona con la que siempre ha tenido una relación más que especial y que ha tenido mucha repercusión en él. Wilson siempre estuvo muy ligado a la figura de Mikael Åkerfeldt, carismático líder de la banda de Death Metal Progresivo de origen sueco Opeth. Banda en la que Wilson ha colaborado en infinidad de ocasiones, en la mayoría como productor ya que este sabe como sacar lo mejor del sonido de su querido amigo. Ambos artistas tienen una concepción del Prog bastante particular y sus mentes siempre han estado muy conectadas.

Ambas mentes no funcionan como el resto de las mentes normales, van al revés. Por eso, en algún momentos esas particulares mentes tenían que juntarse en un proyecto común, y así nació Storm Corrosion. Quizá este no sea el mejor disco que hayan firmado ambos artistas. Es más, habrá más de uno que tenga una mala opinión sobre este trabajo. Sin embargo, estamos ante otra de las facetas que componen la personalidad de Wilson: la más bizarra, extraña, vanguardista y ambiciosa. Meterse entre los oscuros sonidos de Prog Folk que parecen un extraordinario homenaje a la singular banda británica de los setenta Comus. De el han dicho que es estupendo para escuchar mientras lees.

Steven Wilson – The Raven That Refused To Sing (and other stories) (2013)

Y con su último álbum en solitario cerramos este especial. Era obvio que tenía que caer alguno de la carrera en solitario de Wilson. Sí, podría haberlo hecho solo con discos de Porcupine Tree, pero sería ignorar inmerecidamente uno de los picos creativos de la carrera del británico. Tres discos que son tan deliciosos y magníficos como los realizados por Wilson en compañía. ¿Por qué quedarnos en concreto con el más reciente?

Pues por ser el mejor resumen de como es y ha sido Wilson, un nostálgico de los setenta. En su proyecto principal se ayudaba del Rock Progresivo de la época y lo actualizaba para el público actual. The Raven That Refused To Sing contiene todo lo mejor de este genio y lo magnifica. En vez de aprovechar la música de antaño, se mimetiza con ella y sale bien parado del esfuerzo. Se acompaña de los mejores músicos para la tarea y también ficha a Alan Parsons para hacer que este disco no suene a clásico, sino que lo sea por completo. Wilson es más Wilson que nunca y a la vez también es King Crimson y Genesis, todo ello con coherencia y una interpretación excelsa.

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