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DB

“After a decade of artlessness Bowie is back. So why are so many clowns complaining”. The Quietus tenía razón. El problema es vuestro. El problema siempre es vuestro, y nuestro, dicho sea de paso. Hay algo en todo lo que hace David Bowie que le revierte de cierta dignidad nobiliaria, incluso en aquel videoclip en el que tanto sus tendencias sexuales como las de Jagger se encontraron tan explícitamente. La vuelta de Bowie no es un negocio más. La vuelta de Bowie no es un espectáculo mediático cualquiera. Bowie ha sabido sobrevivir a su propio personaje, y en el camino nos ha regalado grandes trabajos. Entre ellos, estos cinco discos insuperables.

Hunky Dory (1971)

No conozco a nadie capaz de decir una sola palabra negativa de Hunky Dory. El primer gran disco de Bowie es también su disco natural, donde el histrionismo es menos perceptible que en sus posteriores trabajos y donde todo parece fluir con una naturalidad pop apasionante. Ni siquiera es necesario recurrir a ‘Life on Mars’ para valorar la inmensidad deliciosa de este trabajo. Sólo se necesita prestar atención en el pop cabaretero y acústico de ‘Kooks’, tan del gusto de Ray Davies, en los ramalazos furiosos que impregnan ‘Quicksand’, o en la epopeya sencilla de ‘Oh! Pretty Things’. Si aún no has llegado a Bowie Hunky Dory debería ser tu primer paso. Ni una sola canción tiene desperdicio.

The Rise And Fall Of Ziggy Stardust (1972)

Desde la estridencia emocional de ‘Five Years’ hasta la épica derrotista de ‘Rock ‘N’ Roll Suicide’. The Rise And Fall Of Ziggy Stardust es el mejor disco de David Bowie, una obra maestra y patrimonio cultural de la humanidad. En su genial demencia, Bowie ideó un extraterrestre capaz de salvarnos a todos y corrompido por nuestros propios defectos, y en una gran opereta elegíaca recorrió los caminos del amor sofisticado (‘Soul Love’), de los singles imperecederos (‘Starman’), de la ambigüedad sexual (‘Lady Stardust’), de la esencia del rock’n roll (‘Star’) y de la extravagancia del rock mediático (‘Suffragette City’). Sencillamente no puedes vivir sin haber escuchado este disco.

Aladdin Sane (1973)

Bowie era consciente, o al menos las canciones de Aladdin Sane así lo transmiten, de que era imposible igualar la magnitud de The Rise And Fall Of Ziggy Stardust. Así que optó por la vía más sencilla y al mismo tiempo complicada: la diversión. Aladdin Sane es el disco más divertido de Bowie. ¿De qué otro modo explicar el perceptible espíritu Exile On Main St. que inunda las diez canciones? Bowie se atreve incluso con una versión de ‘Let’s Spend the Night Together’, pero no sólo eso: ‘Watch That Man’, ‘Cracked Actor’ o ‘The Jean Genie’ son puro rock’n roll. Bowie aderezó estas gemas desenfadadas con medios tiempos en clave circense (‘Time’) y derivas experimentales (‘Aladdin Sane’). El resultado: un disco muy, muy disfrutable.

Station to Station (1976)

Cuatro años después de conquistar el universo, David Bowie había publicado cinco discos más. Sólo eran cuatro años, pero hoy parece una eternidad. En Station to Station no quedaba nada, en apariencia, de lo que Bowie había hecho en sus trabajos más reconodibles. Y sin embargo aquel seguía siendo un artista polifacético, capaz de conquistar cualquier espectro sonoro imaginable. En Station to Station fue el funk el que se acompasó al sentido pop y melódico de un artista cada año más sobrenatural. Station to Station es importante porque es divertido, porque hay pocos singles de Bowie tan adictivos como ‘Golden Years’ y porque nadie podía imaginar el paso que tan sólo un año después Bowie daría.

Low (1977)

¿Es Low el paso más arriesgado que podía dar cualquier artista en 1977? Hablamos de un disco contracíclico, que obviaba cualquier tendencia dominante y se instalaba en una suerte de orgía experimental repleta de sintetizadores y sonidos casi chiptune que en ningún momento obviaba la melodía pop. Cuando el punk estallaba en Londres, Bowie huía de la cocaína, grababa en Francia y mezclaba en Berlín un álbum más digno de 1982 que de 1977. Referencia ineludible de la new wave, inspirado en los aires del krautrock, apuntalado por Brian Eno y producido por Tony Visconti, Low es un disco soberbio. Y probablemente la mejor prueba de ello sea ‘Sound And Vision’.

David Bowie en Hipersónica

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