
La trama para volar por los aires la Torre Eiffel. No sólo es uno de los mejores nombres de grupo que he escuchado en los últimos años, sino también uno seminal: de sus cenizas nacen dos grupazos actuales, los contagiosos The Soft Pack y los alucinados Crocodiles. En concreto, cuando Brandon Welchez y Charles Rowell desactivan The Plot To Blow Up The Eiffel Tower, la segunda de las ramas que nace de esa banda comienza a explorar la psicodelia noise sin reparo, sin ningún tipo de problemas en referenciar ampliamente a The Jesus & Mary Chain o los Ramones y, sobre todo, con un desparpajo y una violencia contenida que les eleva tres o cuatro cabezas por encima de otros grupos de su época. Quizás no hicieron saltar por los aires el monumento parisino, pero ganas no les faltaban, desde luego.
Nothings right, nothings wrong Nothing makes me belong All the kids sing swan songs All the kids sing along with me
San Diego es ciudad de playas, buques de guerra y de frikis. Que allí se haga, cada mes de julio, la Comic Con, la convención de comics y fandom en general más importante del mundo, no ha de ser casualidad. Que Crocodiles llamaran a su primer disco Summer of Hate, tampoco. Que sus canciones, además, hagan honor a ese nombre tanto en las letras como en el sonido, querrá decir algo.
El problema de Crocodiles, si es que realmente lo hay, es que decidieron salir a la luz con ‘I Wanna Kill’, primer single y saqueo maravilloso del concepto “taládrame el oído con tu pitido” del Psychocandy. Qué narices, si hasta cantaban como los hermanos Reid. Sólo que en su música y a pesar del malrollismo existente, se acercaban más todavía al lado divertido del twee, como queda patente en los teclados amateurs de esa propia canción, una línea de puro chicle musical.
Si Jesus & Mary Chain amaban y odiaban a la vez el rock’n‘roll, los Crocodiles sólo pensaban en él como un metodo para divertirse: poniendose chulescos como en esa ‘Neon Jesus’ pre-debut o afilando el feedback, pero no pudiendo evitar pensar en chicas, playas, frikis, juerga… Razones tienen para creer, como afirman, que la comparación es algo superficial.
(Para nosotros) Los Ramones son una influencia muchísimo más importante que JAMC. ‘I Wanna Kill’ es la única de nuestras canciones que suena directamente influenciada por los Jesus, pero se ha convertido en la que nos define porque ha sido referencia en todas las críticas del primer disco. No me importa, son un gran grupo, pero sí, cuando lo leo por ahí, me hace pensar que el periodista era o un vago o alguien que no sabía nada de nuestra música
De hecho, si hay algo que resalte de este primer debut del dúo de San Diego es su afán neo-psicodélico. Sus canciones, al contrario que las de Black Rebel Motorcycle Club, no se instalan en esa zona de confort de imitar a los JAMC. A veces hasta parecen venir de otras juergas muy diferentes: ‘Soft Skull (In My Room)‘ podría cantarla Shaun Ryder (Happy Mondays) y si Bez aún tuviera huesos con los que moverse, bailaría al ritmo de este verano de odio que, muy apropiadamente, acaba con una canción de siete minutos llamada “drogas jóvenes”. A tope.
Ah, los títulos son parte importante del asunto Crocodiles. Fogonazos de luz, chicas de negro, tipos llamados Billy Speed, borrachos hasta la muerte… Siempre hay una extraña fuerza que hace que salga una noche más. Cuando, en 2011, Crocodiles editan su segundo disco largo, vuelven a dar ganas de vestirse de negro y ponerse las gafas de sol. De salir con pinta de rock’n‘roll a mirar a la gente bailar en discotecas. De que en tu cabeza suene ‘Stoned To Death’ mientras te acodas en la barra y pones pose de desdén. Sólo pose: la cosa es que tampoco sabrías bailar.
Again, I’m stoned to death again
El segundo disco de Crocodiles es mucho mejor que el primero, pese a que el primero era ya grande. Y lo es precisamente porque sacan de paseo, aún más, su lado alucinado. Fascinan e hipnotizan por igual, y se traen a James Ford, de Simian Mobile Disco, para que se ponga detrás de los mandos y, ya de paso, aprenda cómo se hace un disco de baile con el que no te apetece bailar.
Lo de Sleep Forever es psicodelia rockera en tecnicolor, con todo lujo de detalles y en pantalla grande. A ratos hasta parece que los Stone Roses no se hubieran conformado con lo que hicieron y que, con los humos bajados, han conspirado en secreto y con seudónimo por volver a estar de moda. Canciones de odio en tono británico, que a saber cómo ha llegado a calar en San Diego un sentimiento así. Pitchfork le puso un 6,8: algo ha de significar eso.
Y, sin embargo, pese a que escuchar Sleep Forever sea un placer adictivo (‘All My Hates and My Hexes are For You’ cumple de manera dulce la función que han de tener todas las últimas canciones de los discos: la de agarrarte por el cuello para pulsar de nuevo el botón de inicio), lo mejor de los Crocodiles está justo fuera de este segundo disco, en el single de adelanto. Van los de San Diego, se acuerdan de las playas, de las fiestas, de bailar y mirar a las chicas y lo unen todo en una gloriosa mezcla del ‘California Girls’ de los Beach Boys con el ‘Groove Is In The Heart’ de Dee-Lite. Talento a raudales:
We’re going to dance,
We’re going to dance,
We’re going to dance
And have some funThe chills that you
Spill up my back
Keep me filled with
Satisfaction when we’re done
Satisfaction of what’s to come
(I) I couldn’t ask for another
(I-I-I-I-I I)
Ojalá todas fueran de California. Y ojalá todos fueran de San Diego. Crocodiles se han tomado casi dos años de tranquilidad para la continuación de Sleep Forever, pero ya está aquí: su nuevo disco se llamará Endless Flowers y se pondrá a la venta el próximo 4 de junio.
Lo primero es mirar el tracklist y volver a amarles abiertamente: Basura de chicle, Mi Lucifer surfero, callejones oscuros… Si algo tienen claro Crocodiles es cómo poner títulos a su concepto.
Curiosamente, el re-estreno, al menos en esa ‘Sunday (Psychic Conversation #9)’ es bastante más noise-pop, así que habrá que acostumbrarse a otro tipo de guitarras. Como himno pre-veraniego está muy bien, pero descoloca si los habéis seguido. Bienvenidos, problemas.