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El Niño Gusano

¿Fueron El Niño Gusano el grupo más personal de todo el indie español de los 90? Si hiciéramos un top al respecto, andarían seguramente en lo más alto junto a Patrullero Mancuso. Desde que, a comienzos de los 90, se formasen en Zaragoza y comenzasen a mostrar sus primeras canciones, los que siempre andan buscando nuevas maneras de entender el pop se fijaron en ellos. Tan espontáneos como rebuscados, consiguieron una discografía intachable y llena de hits que nunca triunfarían.

El Niño Gusano: Carrera y miembros

Zaragoza. Años 90. Cuando todo el mundo cantaba en inglés y le daba al noise-pop, Sergio Vinadé (guitarrista) y Mario Quesada (bajo) deciden formar un grupo. Contactan con Andrés Perruca, batería, y mientras deciden quién podría cantar, Sergio Algora les encuentra. Juntos graban su primera maqueta, en la que hay espacio para el inglés, pero también para las primeras canciones que se alejaban por completo de todo el mundo en España… salvo los ya mencionados Patrullero Mancuso. De hecho, las primeras citas críticas les tratan de encasillar como una mezcla entre ellos y Penelope Trip.

Algo de ambos había: la pasión por lo inesperado y ciertos regustos noise, especialmente en las primeras canciones. En 1994 las editan en Palencia EP. Ese vinilo lo lanza Grabaciones en el Mar, el sello zaragozano con el que son uña y carne y a cuyo jefe, Pedro Vizcaíno, dedican unos cuantos guiños en sus letras y títulos.

Sólo un año después, y con el runrún de la crítica ya mostrándoles como promesa, El Niño Gusano lanzan Circo Luso y rompen expectativas. Para empezar, tienen la canción más reconocible de su discografía, ‘La Mujer Portuguesa‘, y junto a ella un puñado de temas cortos e indefinibles, con las letras de Algora culminando ese universo de psicodelia, como de un Syd Barret empapuzado de tortilla de patata.

Le sobran canciones y les falta presupuesto para un disco más largo, por lo que incluso tienen que cortar canciones como ‘Vino Simagovino‘. No importa: de las mismas sesiones nace el apasionante Bernadutz EP, con el final ruidoso (“La de todos / Fuendetodos”) y su versión del ‘Hoy No me Puedo Levantar‘ de Mecano, que ya era una obligatoria de sus conciertos.

RCA, la única multinacional que entonces creía, levemente, en la posibilidad comercial del indie nacional de los 90, llega a un acuerdo con Grabaciones en el Mar: el sello zaragozano se encargará de la edición y distribución de su nuevo disco, pero la promoción corre a su cuenta y, si hay ventas suficientes, el grupo entero se sumará a Los Planetas en esa aventura multinacional.

En esa tesitura nace El efecto lupa (1996), de nuevo con fascinante portada de Óscar San Martín. Es su disco más eufórico, más peculiar, con la mente más puesta al sol. Y sus directos se encargan de transmitir aún más la locura de El Niño Gusano. “Surrealistas”, les etiqueta casi todo el mundo que habla de ellos, una de las pocas ocasiones en la que la palabra, usada hasta la extenuación, no parece sobrar, sino encajar.

Aún les da tiempo a estirar esas emociones que dieron fruto a El Efecto Lupa con un maxi de diez pulgadas, Veo Estrellitas (1997), donde caen en el error de regrabar canciones antiguas. Nada supera a las originales ‘El Hombre Bombilla‘ o ‘Yukón‘ (quizás una de sus canciones más infravaloradas, más disfrutables y que mejor encaja con la última época del disco). Sí, están más pulidas, pero lo bueno ya se vio.

No importa: de ese artefacto para fans (que ya los hay y que seguirán llegando hasta convertirles en un nombre de referencia/culto) pasan a entregar su disco más amargo. El Escarabajo más grande de Europa duele y seguirá haciéndolo, un álbum que, entre psicodelia dulce y pop glorioso, pide no existir, huir de aquí sin saber a dónde ir realmente.

En nuestra casa todos somos los mejores, pero ellos especialmente, por lo que, aunque fracasaron comercialmente y RCA maltrató su último disco condenándolo a una tirada escasa y pronto desaparecida de las tiendas, triunfaron en la eternidad. Que no es mal éxito, visto hoy en día y pese a lo amargo del adiós de Algora.

Fantástico entre los pinos, doble cd recopilatorio de rarezas, maquetas, versiones y caras b, añade en 2000, ya con el grupo finiquitado, el cierre a una carrera que ojalá hubiese durado más. Aunque, pensándolo bien, sigue haciéndolo, es eterna.

El Niño Gusano: Discografía

Imágenes

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