
En el mundo de la música han existido y existirán siempre disco míticos por su razón de no ser, por quedarse para siempre en el limbo de los cajones. Discos de puro riesgo interno o externo que, por distintas tazones, no lograron publicarse. Smile, de los Beach Boys, es el paradigma de esa música que, por diversas razones, no se pudo esccuhar.
Un album que ya en 1966 iba a cambair la historia de la música y que ahora, en 2011, después de muchas ediciones piratas y hasta una en solitario del propio Brian Wilson, ha sido por fin editado como se concibió originalmente. La tienda de sonrisas ha abierto por fin sus puertas.
La situación era ideal. El rock y el pop vivían tiempos de asombro, Pet Sounds había cambiado la concepción del estudio y de las canciones de 3 minutos, los Beatles estaban a punto de editar su Sgt Peppers.
Brian Wilson había iniciado su camino por las drogas y sentenciaba “la música psicodélica cubrirá el mundo y coloreará toda la escena musical”. En contraste a su tumultuosa vida personal y a su frágil psique, Brian quiso crear un album lleno de buen humor, aunque “no un lp cómico”. Trataba de plasmar musicalmente un estado de ánimo, y a la vez, de crear música espiritual, la “teenage symphony to god”.
Smile tuvo muchas cintas de sesiones de grabación, tuvo portada y tuvo incluso una lista de temas, provisional claro. 12 canciones y sólo ‘Good Vibrations’ alcanzó su forma definitiva. Para muchos, ‘Good Vibrations’ no es el origen de Smile, sino el último coletazo del autor de Pet Sounds. Sea lo que sea, estertor o inicio de una nueva era, esa canción fue la única que dejó satisfecho a su autor. A partir de ahí, Brian Wilson cayó en la espiral del perfeccionismo.
A los Beach Boys se les ha oído demasiadas veces afirmar que Smile estaba a punto de publicarse. Mike Love dijo en una ocasión, allá por 1967:
Sabemos el título y conocemos las canciones hace ya un tiempo, pero Brian ha oído las cintas y cree necesario retocar algunas de ellas.
Por la misma época, Dennis Wilson auguraba el futuro:
Va a ser genial. Ya tenemos hecho el 50% del trabajo.
Lo cierto es que el primer título que se barajó, Dumb Angel, es una buena metáfora de lo que iba a ocurrir. Smile es un ángel que se quedó mudo y dejó sordos a gran parte de los aficionados al pop durante 50 años.
Se barajan muchas teorías sobre lo que ocurrió pero la cuestión sigue en el aire: ¿hubo una fecha exacta o una razón puntual que acabó con Smile en el destierro, bello para la historia musical, pero lamentable para los melómanos?
Ni siquiera se conoce la fecha en que terminaron las sesiones de grabación de Smile, aproximadamente situada en mayo de 1967. La leyenda negada por Brian Wilson en los 90 afirmó durante mucho tiempo que su autor quemó las cintas. Se comenta que el visionario de California estaba sumido en una cada vez más galopante depresión, ante su incapacidad para plasmar en sonidos lo que tenía dentro de su cabeza. El problema de Smile, sin embargo, parece radicar en la fase de mezclas y no en las sesiones de grabación, que se llevaron a cabo tal y como estaban previstas, quizás alárgandose un poco en el tiempo, pero con principio y final.
Lo que sí está claro es que el ambiente de la grabaciión se alejó mucho de lo habitual. Carol Kaye, músico de sesión que participó en Smile, afirma que Brian estaba “especialmente alegre durante la grabación”, lo que parece echar por tierra el argumento depresivo.
El problema con este disco ha sido la falsificación de la realidad, la construcción del mito. La anécdota dice que para la parte del fuego de la suite de Los Elementos, Brian obligó a sus músicos a ponerse cascos de bomberos de juguete y encendió una pequeña hoguera. Los mitómanos han hecho de la parte el todo y han querido ver en las sesiones de Smile una especie de bacanal desenfrenada. De ahí nacen historias como que esa misma noche se declaró un incendio en Los Angeles y Brian se asustó tanto que desechó las tomas grabadas.
La realidad es que, a pesar de esos pequeños trucos para crear complicidad, Brian Wilson era todo un profesional del estudio de grabación y, aunque buscaba una inspiración especial, nunca dejó que la locura se convirtiese en caos o que ese caos truncase la sonrisa de los Beach Boys. Así lo ha confirmado él mismo.
Brian y Van Dyke Parks se conocieron en una fiesta, a comienzos de 1966. Él era un artista polifacético: actor y cantante folk, alguien ideal para hablar de arte, alguien que cuadraba muy bien con la personalidad del gran genio de los Wilson. Rapidamente, Parks fue el elegido por Brian para ponerle versos a su música, que por aquel entonces ya era suficientemente expresiva.
Esta vez no iba a hablar de coches, ni de chicos haciendo surf, ni siquiera quería profundizar aún más en el final de la adolescencia. No, en esta ocasión los temas eran tan variados como la Conquista de América, la construcción del ferrocarril o la comida vegetariana; una especie de totuum revolutum en el que sólo iba a imperar una norma: el impresionismo lírico de Van Dyke Parks.
La colaboración entre Brian y Van Dyke Parks fue intensa: los dos llegaron a tener una relación estrecha, pero, eso sí, sólo en lo profesional. El mayor de los Wilson era ya incapaz de salir de su caparazón de dudas y pequeñas frustraciones. Sin embargo, en el terreno lírico hubo conexión:
Van Dyke y yo conectamos muy bien, muy rápido. (..) Él me condujo por el buen camino y dio algo de luz.
Las expresiones de Brian Wilson son contundentes. También Al Jardine, otro de los chicos de la playa, le dedicó elogios; todos admiraban la capacidad de Parks de pintar las canciones con palabras.
¿Todos? ¡No! El galo irreductible de esta historia se llama Mike Love. El primo de los Wilson quería letras comprensibles, que jhablasen de diversión y que conectasen con la gente. Para él, las frases de Van Dyke Parks eran un suicidio comercial. Puede que tuviera razón, aunque nunca sabremos cuánto habría vendido Smile.
En un determinado momento, Love preguntó a Van Dyke Parks por el significado de sus letras y recibió un simple “no lo sé” por respuesta. Mike Love aprovechó la situación para ridiculizar al letrista. Éste, sin el apoyo moral de un Brian absotrtó y cada vez más metido en su mundo, decidió abandonar.
No fue un impulso súbito: Parks necesitaba abandonar Smile. Como músico pobre, le era casi imprescindible sacar un disco y ganar dinero. En febrero de 1967, Van Dyke Parks lo dejó todo. Y con su marcha, la sonrisa perdió la lengua con la que hablar y Brian su máximo apoyo en la construcción de Smile.
El propio Van Dyke Parks tiene una frase muy afortunada que define la situación:
Los oportunistas son legión alrededor de Brian Wilson
Con el letrista fuera del disco, las aves de rapiña aún quisieron más: esta vez fueron directos a la esencia de Brian Wilson, a sus melodías. Varios de los Beach Boys criticaron la música que Brian había ido componiendo. No querían que se repitiese el relativo fracaso comercial de Pet Sounds y temían que la locura de Smile fuese aún peor para las ventas.
Además, había motivos menos económicos. El ego del resto de los chicos de la playa también estaba resentido. Brian ya no contaba con ellos más que para unas pocas ocasiones. Lo componía todo, lo cantaba casi todo, tocaba todo lo que podía y más. Resultado: los demás componentes del grupo veían como su papel estaba reducido a la mínima expresión. Temían que Brian se estuviese preparando para dar el salto en solitario. Ya ‘Caroline No‘, de Pet Sounds, había sido editada como single a nombre exclusivo de Brian Wilson.
Y por si fuera poco los Beach Boys siempre habían sido un grupo que sacaba mucha tajada con los directos. Pero ¿quién iba a ser capaz de interpretar el extenso paisaje sonoro de Smile sobre un escenario? Por todo ello, a los Beach Boys casi se les hizo imprescindible que Brian se dedicase a canciones más “normales”.
Brian, rodeado por los lobos externos, hizo surgir su propia jauría interior. Comenzó a perder confianza en sus posibilidades, el fantasma de los insultos de su padre volvió a recorrer su cabeza y se bloqueó. Se dio a las drogas en estado salvaje, a una alimentación que haría horrorizarse a cualquier experto en dietas. Paul McCartney le visitó en el estudio cuando Brian andaba ya muy tocada y, como es sabido, no contribuyó a relajarle. Más bien, aumentó la presión: Brian creía que Smile era una carrera contra los Beatles por ver quién era más revolucionario, mejor.
Comenzaron así los cambios en el disco. El listado de canciones empezó a moverse como una brújula descontrolada. La ambición de Brian Wilson fue, por primera vez en su vida, mucho mayor que sus posibilidades. Smile ya no eran canciones, era un disco unido de principio a final: había minisuites que recorrían toda la obra, como ese famoso y emocionante “bycicle rider” que debía aparecer en multitud decocasiones, ya fuera en segundo plano o como tema principal.
Con tanto cambio, la sonrisa comenzó a alargarse demasiado y lo que se fue plasmando no sonaba natural a su autor, como cuando pasamos demasiado tiempo posando para una foto. Si el objetivo de aquella “legión de oportunistas” era hacer dudar a Brian, queda claro que lo consiguieron.
Ahora bien, hubo muchas luchas internas entre los miembros del grupo, pero en esta historia también se ha pasado por alto que los Beach Boys tuvieron serios problemas con su discográfica, Capital Records.
No hay que olvidar que los chicos de la playa no era un grupo más, sino un conjunto que vendía más que Dylan, más incluso que los Beatles. En un determinado momento, los Wilson y compañía quisieron ver recompensados sus esfuerzos. La realidad financiera entraba así en el paraiso playero: hasta ese momento Capitol había impuestos sus condiciones de pago a los músicos, pero ahora éstos tenían un modo de presión, podían paralizar la salida la mercado de Smile. Hay autores que afirman que Brian Wilson secuestró Heroes & Villains cuando ya tenía la copia definitiva y que lo hizo para demostrar a Capitol que él era el único dueño de su música.
Así, los surferos abandonaron sus tablas y las cambiaron por maletines de ejecutivo. Los Beach Boys crearon su propia discográfica, Brother Records, y ganaron cierta independencia, pero también perdieron la concentración única en la música.
La tensión entre discográfica y grupo (o más bien entre Capitol y Brian) también fue en aumento por la complejidad de Smile. Los fragmentos de canciones que oyeron en las oficinas de la compañía fueron testigos de algunos de los mayores exabruptos de la historia de la música. Entre los Beach Boys se dudó de que realmente Capitol estuviese dispuesta a editar Smile. Una duda, por cierto, un tanto infantil, teniendo en cuenta que la discográfica llegó a anunciar varias veces el lanzamiento del disco poniendo publicidad en las principales revistas de EEUU y que, como ya se ha dicho, el disco tuvo incluso una portada.
Poco a poco, por todas esas razones, la sonrisa se fue torciendo hasta quedar en una frágil mueca de lo que había sido. El disco quedó aparcado y, a pesar de los muchos intentos, siempre se le dejó fuera de la circulación a útlima hora. Sólo en los discos sucesivos de los Beach Boys aparecieron algunas de las canciones, muchas de ellas retocadas respecto a la idea original. Finalmente, la decisión de su autor de regrabarlo no nos devuelve el Smile original, sólo un bonito sucedáneo para mitomanos.
Hoy, en 2011, los Beach Boys han conseguido por fin editar Smile. Hay muy poco, casi nada, que no hubiésemos escuchado ya los mitómanos en las múltiples reconstrucciones hechas de forma pirata, y en las que no estuvieron involucrados los propios autores. Hemos buscado tanto cómo sería Smile que lo encontramos hace tiempo, aunque no éramos conscientes.
La edición de 2011 aporta, eso sí, algún momento revelador. La fluidez de ‘Do You Like Worms?‘, canción clave en la que se recogen tantas piezas del puzzle; la verdadera forma de la controvertida ‘I’m in Great Shape‘; cómo ‘The Elements‘ nunca se acabó del todo; La grandiosa unión de ‘Look‘, ‘Child is Father To The Man‘ y ‘Surf’s Up‘; ‘Vega-Tables’, por fin hecha y derecha… No, no es nada que estuviera especialmente oculto. Pero The Smile Sessions ha demostrado que aún nos faltaban piezas de un puzzle fantástico, mucho más que en la versión en solitario de Brian Wilson.