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The Bats

Nueva Zelanda es un país pequeño, y Rober Scott lo sabía cuando en 1982 decidió crecer por su cuenta al margen de David Kilgour y The Clean. Scott, natural de Dunedin, se marchó a Christchurch y allí formó The Bats, donde daría rienda suelta a su imaginación en forma de canciones vitales, fáciles y adorables. The Bats eran un compendio de sencillez, desde su forma de entender la música (el amateurismo ajeno a cualquier pretensión, común a todos los grupos del Dunedin Sound) hasta la sencillez de sus composiciones. The Bats siempre fueron ninguneados. Y allí, en un rincón de nuestra memoria, suenan más particulares que nadie.

The Bats: la versión folk de la Nueva Zelanda indie pop

¿Son The Bats uno de los grupos más especiales que he escuchado nunca? Es posible. No lo sé. Cada vez que me arrimo a sus canciones me siento arropado por una calidez melódica y emocional al alcance de muy pocos grupos. Cuando vuelvo a sus discos siempre tengo la sensación de que Scott, Kaye Woodward, Paul Kean y Malcom Grant se hallan al fondo de la habitación, tocando con la misma naturalidad que hace tres décadas, en un concierto privado y memorable. Quiero a The Bats porque en sus canciones siempre soy feliz. Y da igual que suenen melancólicos o alegres. Su música es redentora y un refugio ante la siempre inoportuna tempestad.

Resulta complicado describir con palabras el cúmulo de sensaciones y emociones que se apoderan de mi alma cuando al otro lado del auricular suenan The Bats. En su tristeza alegre, en su sencillez otoñal, The Bats son completamente arrebatadores. Y quizá sea esa extraña conjunción la que almibara sus canciones, la que preña de recuerdos y sentimientos cada uno de los acordes folk que vertebran su discografía. Hace sol, el cielo está despejado y yo sonrío. Pero por dentro estoy triste. A eso suenan The Bats. A sol de invierno. A vida.

The Bats fueron la banda más cercana de todo el Dunedin Sound. Si The Clean fueron el pop y The Verlaines el arte, The Bats hicieron de la sencillez su bandera y glorificaron lo pequeño. Acudieron a los cimientos más elementales que durante siglos sostuvieron la música folk y los pasaron por un filtro pop, revestido de una capacidad melódica impresionante. En sus canciones había más de The Go-Betweens y de R.E.M. que de The Feelies o The Wedding Present. The Bats fueron a Nueva Zelanda lo que The Pastels a Escocia.

Solo que sin su falibilidad natural. Scott lideró un grupo de amigos que era y es un derroche de talento natural. Nada en sus discos suena impostado. La credibilidad de The Bats reside en su monolítica concepción de la música, en su facilidad a la hora de componer y en su plena honestidad. The Bats nunca han querido sonar a otra cosa que no sean ellos mismos. Y fue así desde sus primeros trabajos, siempre al abrigo de Flying Nun, hasta su reciente aparición en el Primavera Sound, pasando por uno de los discos a los que más aprecio he llegado a tener: Daddy’s Highway, su debut de 1987.

Antes de eso, y mientras Scott alternaba su carrera con The Clean, The Bats grabaron By Night (1984) y And Here is Music for the Fireside! (1985). Dos años después la banda viviría a mitad de camino entre Glasgow y Chirstchurtch para grabar ‘Daddy’s Highway’. Su disco debut llegó un año después de que la NME publicara su cassete número 86 y un lustro más tarde de que Escocia se convirtiera en la cuna del jangle pop gracias a Postcard Records, a The Db’s, a Aztec Camera y a Orange Juice. No parece casual, o al menos sí un guiño del destino, que The Bats viajaran a Glasgow. Escocia y Nueva Zelanda, por primera vez en la historia, no estaban separadas por miles de kilómetros.

El más activo del Dunedin Sound

Antes de hablar de Daddy’s Highway en profundidad conviene hablar del resto de la discografía de The Bats, quienes ya tuvieron un pequeño espacio en Hipersónica hace años. Flying Nun, en su tradición de recopilar el material aún no grabado de sus bandas, publicó en 1988 Compiletely Bats. A partir de ahí The Bats entrarían de lleno en los noventa publicando The Law of Things (1989), una extensión previsible de lo ya ofrecido en Daddy’s Highway, y el tríptico de la década antes de su despedida temporal: Fear of God (1991), Silverbeet (1993) y Couchmaster (1995).

La carrera del grupo se veía parcialmente alterada por la paternidad de algunos de sus miembros y sus proyectos paralelos, especialmente Scott junto a The Clean, pero The Bats nunca llegaron a ser un grupo temporal. De hecho, The Bats nunca llegaron a ser un grupo que se separara definitivamente, pese a que entre 1995 y 2005 no publicaron ningún disco. Sería ya en mitad de la primera década del siglo XXI cuando The Bats regresarían, siempre olvidados, con The Bats at the National Grid. Tres años después pisarían el Primavera Sound y grabarían The Guilty Office. Su último disco, Free All the Monsters, data del año pasado. The Bats nunca han sido un grupo muerto.

Y siempre han sido un combo con las ideas muy claras, manejando las mismas referencias, las mismas virtudes y los mismos defectos. probertoj se lamentaba hace años del ostracismo al que habían quedado relegados, pero invitaba de este modo a compartir y difundir un grupo tan especial como ellos:

The Bats forman parte de esos grupos que se ajustan al tópico de que “si este mundo fuese justo, ellos coparían los primeros puestos de la listas”, pero es injusto hablar de ellos en esos términos. Porque da igual que la industria musical sea justa o no: al final lo que importan son los grupos y sus canciones, no lo que consigan vender o no.

Si algo te gusta tanto como para pensar en que “deberían ser enormes”, haz tu tarea: predica la palabra, pónselo a tus amigos, regala discos o enlaces de mp3. Quizás no consigas que el grupo se haga rico y famoso, pero seguro que logras ampliar su legión de seguidores y, ya de paso, hacer a otros tan feliz como tú cuando escuchas sus canciones.

Él os invitaba en aquel post a empezar por la mitad, en Fear of God, “el que quizás sea su disco más completo”, o por Silverbeet. En realidad da igual. The Bats son un grupo tan escasamente complicado que entenderás a la primera y en cualquier disco todo lo que pueden ofrecerte o no lo entenderás jamás. Son muy pop. Si crees que la música debe ser un severo ejercicio de expansión intelectual o un refugio del virtuosismo es probable que les desprecies. Si eres de los que piensan que la buena música son rincones, recuerdos, refugios y canciones, Daddy’s Highway es un disco que jamás deberías olvidar.

Daddy’s Highway y una tormenta jangle

Y si lo haces, como yo lo he hecho en demasiadas ocasiones, los acordes iniciales de ‘Block of Wood’ serán suficientes para que vuelvas a recordar. The Bats conjugaron en Daddy’s Highway las canciones alegres y las canciones tristes, en una suma de sentimientos enfrentados que, sin embargo y contra todo pronóstico, resultaron ser el mismo. Daddy’s Highway es tu disco y el de nadie más. En el que podrás perderte y encontrarte sin salir de tu habitación. Da igual que lo hayan escuchado miles de personas. The Bats siempre fueron un grupo del que enorgullecerse por ser el único de sus fans.

A ello contribuyeron canciones como ‘Miss These Things’, que siempre que la escucho me vuelve a estremecer y que es posiblemente una de las mejores composiciones no ya del grupo, sino de toda su generación. The Bats alternaban el dulce desengaño adolescente con la frugalidad de ‘Mid City Team’ y la tormenta de acordes jangle de ‘Daddy’s Highway’. Es en la canción homónima donde la guitarra de Scott envuelve su débil entonación y la rudimentaria instrumentación de acompañamiento. Porque en The Bats todo sonaba casero, y cuando las canciones les salían tan redondas como ‘Treason’ no podías sino rendirte a sus pies.

Pero nunca desde el mesianismo, algo imposible para un grupo que parecía tocar siempre desde el garaje de su casa. O desde el sótano de la tuya. El amateurismo que nunca se evapora, ni siquiera en canciones tan delicadas y exquisitas como ‘Sir Queen’, arreglos de cuerda incluídos. Desde su genuina naturalidad, The Bats sólo podían sonar folk cuando agarraban la guitarra, agitaban el compás y subían a tocar al tejado. ‘Round and Round’ y ‘Take It’ son Violent Femmes haciendo canciones alegres, R.E.M. sin (justas) pretensiones, The Go-Betweens sonando adolescentes.

Las guitarras soleadas se topaban repentinamente con la severidad de ‘North by North’ o la introspección juvenil (y nublada) de ‘Tragedy’. Sin embargo, y pese a todas las tragedias que nos pudieran narrar, The Bats nunca sonaron grandilocuentes ni pretenciosos. Su amor por las cosas pequeñas sólo entendía de historias verdaderas, a pie de calle, hechas para personas capaces de vivirlas y no para mundos de ficción. The Bats hacían música real, tangible. Música que puedes ver, escuchar y oler en cada esquina de tu ciudad o, mejor, de tu pueblo.

Daddy’s Highway es una pequeña obra maestra por todo ello. Porque es atemporal y no se circunscribe a ningún estilo ni a ninguna época en concreto. Supongo que, fruto de su aislamiento, Scott y compañía, al igual que todos sus compañeros de generación, se dedicaron a fabricar la música que les salía del alma. Y por eso suena tan eterna, tan generacional y tan franca. No hay ningún maremoto de influencias, ni de apariencias, que pueda estropear un disco tan enorme y tan íntimo. No hay nada que pueda romper la magia que contiene el espíritu de The Bats.

The Bats: Discografía

  • By Night EP (1984)
  • And Here Is ‘Music for the Fireside’! EP (1985)
  • Made Up in Blue (1986, single)
  • Daddy’s Highway (1987)
  • Block of Wood (1987, single)
  • 4 Songs (1988, single)
  • The Law of Things (1989)
  • Compiletely Bats (1989)
  • Smoking Her Wings (1989, single)
  • Fear of God (1991)
  • Boogey Man (1991, single)
  • The Black and the Blue (1991, single)
  • Silverbeet (1993)
  • Courage (1993, single)
  • Live at WFMU EP (1994)
  • Spill the Beans EP (1994)
  • Under the Law (1994, single)
  • Couchmaster (1995)
  • Afternoon in Bed (1995, single)
  • Thousands of Tiny Luminous Spheres (2000)
  • The Bats at the National Grid (2005)
  • Raw Eggs (2006)
  • The Guilty Office (2008)
  • Don’t You Rise (2009)
  • Free All the Monsters (2011)

Especial Dunedine Sound

Sitio oficial | Flying Nun
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