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The Verlaines

Ya hemos hablado de las líneas comunes que unían a The Clean, The Bats o The Chills, y cómo The Verlaines también se circunscribían, en teoría, a los mismos patrones artísticos. Es cierto que el grupo liderado por Graeme Downes partía de los mismos lugares que sus compañeros de generación (el jangle pop, la herencia del post-punk, el espejo que fue Escocia), pero The Verlaines rápidamente derivaron en estructuras más complejas, mensajes desesperanzados y oscuros y discos que, siendo pop, no querían ser pop. The Verlaines fueron únicos y complejos. Y su herencia es fabulosa.

The Verlaines: Downes y todos los demás

The Verlaines también fue el grupo más individualista de todos los neozelandeses que, a finales de los ochenta, deslumbraron al mundo. Grame Downes es el único miembro reconocible desde los primeros pasos de la banda hasta nuestros días. El resto de músicos que poblaron o pueblan las filas de The Verlaines son una amalgama de nombres neozelandeses, en ocasiones relacionados también con The Clean o The Chills, que quedan ensombrecidos por la personalidad expansiva y talentosa de Downes. The Verlaines son él. El resto, comparsas que, en mayor o menor medida, contribuyeron a definir su sonido. Pero hay que capitalizar esta historia en Downes, alma máter del grupo.

Downes es a día de hoy catedrático en la Universidad de Otago, donde germinó el movimiento de la mano de un grupúsculo de jóvenes adolescentes que llegaron tarde a Joy Division. La referencia no es casual: pese a su simbolismo pop y a las guitarras casi acústicas, The Verlaines fueron quienes con mayor entusiasmo abrazaron y comprendieron el simbolismo del grupo mancuniano. Había algo de post-punk en The Clean, pero quedaba difuminado por la abrumadora capacidad hit de sus canciones. The Verlaines hacen del post-punk una fuente de introspección existencial, y su oscuridad innata empapa sus discos más reseñables.

Downes, decíamos, es profesor. Enseña música contemporánea y, al parecer, ha realizado investigaciones sobre Gustav Mahler y Dmitri Shostakovich. El perfil intelectual de Downes encaja a la perfección en el sonido de The Verlaines, que sí parece más reflexivo y profundo que el de sus compañeros de movimiento y universidad. Los arreglos de tinte medieval, la deriva hacia el pop de cámara más exquisito o los tintes grandilocuentes y exagerados de algunas de sus canciones instan, desde la primera escucha, a afrontar con precaución el sonido que ofrece The Verlaines.

Las portadas también son una pista. Si pensamos en cómo The Clean o The Bats ilustraban sus discos más representativos, nos encontramos ante trabajos simples y artesanales. The Verlaines daban pistas sobre su perspectiva artística desde los tintes medievales de Hallelujah All The Way Home, su disco debut, hasta los trazos abstractos y difuminados de Bird Dog o Some Disenchanted Evening. Son muchos los elementos que aíslan a The Verlaines, pero también los que se entrelazan con las demás bandas neozelandeses de finales de los ochenta. Downes también formó su grupo en Dunedin, y The Verlaines, pese a todo, tenían muy presente que su elegía introspectiva tenía que desarrollarse entre los parámetros definidos por The Clean.

Una carrera hasta el presente

Los orígenes de The Verlaines se remontan a 1980, pero no fue hasta la publicación del EP Double Dunedin cuando el grupo adquiere gran relevancia y se posiciona como uno de los principales pilares del movimiento neozelandés. En aquella publicación seminal, la primera de Flying Nun Records, la banda liderada por Downes compartiría espacio con los a la postre célebres The Chills, Sneaky Feelings y The Stones. The Verlaines fueron los encargados de cerrar la grabación con tres canciones: ‘Angela’, ‘Crisis After Crisis’ (en lo que podría ser un resumen muy certero de tantos países, incluido el nuestro) y ‘You Cheat Yourself of Everything that Moves’.

En aquel EP The Verlaines ofrecían sólo parte de lo que posteriormente desarrollarían en sus discos, pero también aventuraban algo más que un jangle pop genérico. En todo caso, hay que pensar que Double Dunedin fue publicado en 1982 y que, por aquel entonces, el indie pop no era un muñeco manoseado en millones de bandas sin talento, sino una nebulosa de grupos más o menos homogénea que partían de las guitarras cristalinas de The Byrds y de la herencia del post-punk para crear canciones complejas pero efervescentes. The Feelies, The dB’s, Orange Juice. The Verlaines y el Dunedin Sound germinaron al mismo tiempo que todos los demás, pero estallaron más tarde.

¿Y qué eran The Verlaines en 1982? Eran la ingrávida voz de Downes al frente de una amalgama de guitarras casi eléctricas que ejecutaban canciones que tendían a revolverse en sí mismas. Al menos ‘Angela’, que parece que va a terminar al menos tres veces antes de volver a empezar, plegándose sobre sí misma. La instrumentación es muy sencilla, con tintes lo-fi, y no hay nada de la riqueza sonora que más tarde podríamos encontrar en Bird Dog, por ejemplo. The Verlaines se sentían propulsados por el punk, como los primeros The Clean, en ‘Crisis After Crisis’, y se enredaban en medios tiempos cercanos al Paisley Underground en ‘You Cheat Yourself of Everything that Moves’.

The Verlaines hacían cosas diferentes a la ligereza psicodélica de The Chills, en los que nos adentraremos en otro post, o el aire garagero de Sneaky Feelings y The Stones. Apenas un año después del Dunedin Double, en 1983, The Verlaines debutarían en solitario con el single Death and the Maiden, clásico instantáneo del jangle pop neozlenadés junto a la cara B ‘C. D. Jimmy Jazz and Me’, que posteriormente serviría de cierre a Bird Dog. En 1984 la banda publicaría su primer y prácticamente único EP, 10 O’Clock in the Afternoon, que serviría de puente entre su exitoso single y Hallelujah all the Way Home (1985), su puesta de largo en formato LP.

Pero antes de hablar de este disco y de Bird Dog, sus discos más célebres y genuinos junto a Some Disenchanted Evening, hay que destacar que The Verlaines, al igual que The Bats, no es un grupo muerto. Este mismo año han publicado Untimely Meditations, pero en la última década han ofrecido dos referencias más: Corporate Moronic (2009) y Pot Boiler (2007). Antes de eso estuvieron inactivos durante diez años. Durante los noventa alumbraron otros tres discos: Ready to Fly (1991), Way Out Where (1993) y Over the Moon (1997), además del EP Mission of Love (1993). Como es habitual en Flying Nund, The Verlaines contaron con una recopilación de canciones caseras y publicadas a temprana edad: Juvenilia, en 1987.

Hallelujah all the Way Home: el antecedente perfecto

No hay forma sencilla de introducirse en la discografía de The Verlaines, porque nunca practicaron un sonido fácil, así que lo ideal es acudir directamente a Bird Dog, su disco más celebrado y, con toda probabilidad, el más rico de cuantos alumbró Nueva Zelanda a finales de los años ochenta. Como Bird Dog no era una sucesión de éxitos interminable, como Vehicle, o el fruto de la naturalidad más pasmosa, como Daddy’s Highway, necesitaba un predecesor que sentara sus bases y que abriera caminos hacia sonidos inexplorados. Esa primera piedra en el camino fue Hallelujah all the Way Home.

Aunque no pueda parecerlo, Joy Division o Television (cabe explicar que The Verlaines tomaron su nombre del poeta francés, Paul Verlaine, y no de Tom Verlaine, líder de esta última banda) son dos referencias fundamentales para entender lo que Downes tenía en la cabeza. Había mucho de los aires góticos y ensimismados en las facetas más turbias del ser humano de los primeros, y tanto o más de la perspectiva creativa de los segundos partiendo desde un género simple (en el caso de Television el punk, en el caso de Downes y The Verlaines el jangle pop). Pero son dos influencias sólo sugeridas por los discos de The Verlaines, en absoluto evidentes.

Downes cubrió con un fino armazón de fragilidad pop sus canciones, y todas ellas le remitieron a sus compañeros de ciudad y a otras bandas como The Wedding Present, Orange Juice o Aztec Camera. Incluso rebuscando, en las canciones de Hallelujah all the Way Home hay también algo de The Kinks. Todo este universo se traducía en furibundos estallidos ruidosos como ‘Lying in State’ o ‘For The Love of Ash Grey’, donde Downes parecía al borde de la desesperación más trágica. Pequeñas supernovas de fiereza también presentes en los cambios de ritmo de tono chamber pop de ‘The Lady and The Lizard’ o en los siete oscuros minutos de ‘The Ballad of Harry Noryb‘.

Además, Hallelujah all the Way Home tenía un punto bizarro-medieval absolutamente noqueante. Ejemplo de ello es la ya referida portada, pero también los interludios folkies de ‘The Lady and The Lizard’, el cantar de gesta totalmente acústico de ‘Don’t Send Me Away’ o el aire campestre y desenfadado, casi caricatura de sí mismo, de ‘All Laid On’. De entre todas las canciones, no obstante, hay una que servirá de perfecto antecedente a la mayor concreción y mejor puesta en escena de Bird Dog: ‘Phil Too?’, que podría haber tenido un sitio muy cómodo entre lo que Downes ofrecería al mundo dos años después.

Fiero, delicado, descomunal, Bird Dog

1987. Un año después de la seminal cinta de casete de la New Musical Express y del The Queen Is Dead de The Smiths. Quién podía prever que un anónimo grupo de músicos neozelandeses iba a generar uno de los mejores discos indie pop de todos los tiempos. A día de hoy The Verlaines, prácticamente como el resto de grupos del Dunedin Sound, continúan en un ostracismo cautivador para todos quienes seguimos y queremos sus discos. La historia es injusta, y por eso el colosal Bird Dog es una anónima publicación que sirve para rellenar las listas de trabajos neozelandeses en los ochenta. Y no debería ser así.

Bird Dog es el disco más exquisito, furibundo y talentoso de todos cuantos albergó Flying Nun. Desde la calma tensa de ‘Makes No Difference’ hasta la versión regrabada de ‘C.D. Jimmy Jazz and Me’. Pasando siempre por las guitarras centrífugas de ‘You Forget Love’ o por los espasmos convulsivos de Downes en el estribillo de ‘Take Good Care of it’. Ahí es cuando The Verlaines se acercan más que nunca a Ian Curtis. La sombra del bajo de Peter Hook infunde de agradecida nostalgia todas las canciones de Bird Dog. Canciones que mantienen el equilibrio a duras penas, al borde de la irrelevancia, sostenidas por el canto de una moneda.

Porque pese a ser un disco fiero, digno sucesor de Hallelujah all the Way Home, es delicado y frágil. Bird Dog se puede romper en cualquier momento, y nosotros con él. Es en ‘Just Mum’ o en la tremenda ‘Slow Sad Love Song’ donde Downes se vuelve a apartar de los cánones más elementales del indie pop tradicional y juguetea con su propio talento y con su universo emocional. ‘Slow Sad Love Song’ es quizá la joya de la corona, también cosida con resplandecientes arrancadas de rabia y tragedia, al modo de ‘The Lady and The Lizard’. Pero yendo mucho más allá, al igual que Bird Dog al completo, un disco que consiste en ir al lugar donde toda la música es perfecta.

No puede existir otra definición para ‘Only Dream Left’, que va desde los Kinks más cabareteros hasta el jazz. Todo en Bird Dog fluye con una facilidad asombrosa. Cuando The Verlaines se sienten con energía vitalista introducen un piano desenfadado y un par de trompetas (‘Dippy’s Last Trip’); cuando deciden exaltar la diversión y el alcohol, al más puro estilo The Pogues, se animan a corear a tres o cuatro voces un estribillo tabernero (‘Bird Dog’); y cuando pierden el norte y quieren sonar eclesiásticos se escudan en cantos gregorianos de un surrealismo imprevisible (‘Icarus Missed’).

Apenas hay peros que añadir a un disco tan solvente y feliz, a una celebración continua de la música pop. The Verlaines se atreven con todo: con el punk, con el jazz, con el pop de cámara, con los teclados, con los instrumentos de viento, con la alegría, con la tristeza, con la decadencia, con la redención. Bird Dog, el perro pájaro, el monstruo definitivo, finaliza con The Verlaines reinventándose a sí mismos en la adictiva ‘C.D. Jimmy Jazz and Me’, que viene a ser un compendio de todo lo anterior. En pie señores, en pie ante esta obra culmen de la década y de toda una generación. Un fuerte aplauso para The Verlaines.

The Verlaines: discografía

  • Death and the Maiden (single, 1983)
  • 10 O’Clock in the Afternoon EP (1984)
  • Doomsday / New Kinda Hero (single, 1985)
  • Hallelujah all the Way Home (1985)
  • Bird Dog (1987)
  • Juvenilia (1987)
  • Some Disenchanted Evening (1989)
  • The Funniest Thing / You Forget Love (single, 1990)
  • Ready to Fly (1991)
  • Way Out Where (1993)
  • Mission of Love (1993)
  • Over the Moon (1997)
  • You’re Just Too Obscure for Me (2003)
  • Pot Boiler (2007)
  • Corporate Moronic (2009)
  • Untimely Meditations (2012)

Especial Dunedine Sound

Sitio oficial | Flying Nun

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