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Mother Love Bone

Una generación de jóvenes con mejor preparación que sus jefes, que servían cafés o hamburguesas en puestos de comida rápida a los yuppies de turno. Una generación cuya única posibilidad de futuro era salir volando de la ciudad que les vio nacer por carecer de oportunidades. Una generación ninguneada por tiburones disfrazados de pingüinos. Una generación que era demonizada desde los medios de comunicación por estar desmotivada y caer en cada una de las inevitables trampas que generan tal desmotivación. Una generación cuyos miembros no podían emanciparse a no ser que compartieran piso y que tenían imposible tener descendencia a una edad normal, y que si les sucedía tal hecho era, como menos, una tragedia.

Apuesto a que os resulta familiar, ¿verdad? Bien, pues esta situación que ahora mismo vivimos millones de jóvenes en Europa, ya la vivieron nuestros amigos de Estados Unidos hace 2 o 3 décadas. Sin embargo, la respuesta de la juventud norteamericana fue bien distinta a la nuestra, o al menos, cristalizó en algo perdurable en el tiempo, ya que la creciente sensación de descontento y rebeldía de la juventud de finales de los 80 acabó desembocando en la institución de un movimiento conocido como la Generación X, basado en unos valores y una filosofía de vida que es el germen de lo mal llamado cultura alternativa o indie actualmente.

Somos de la Generación X

Obviamente, la Generación X tuvo impacto en todo el mundo occidental, no solo en Estados Unidos, pero mientras que al otro lado del atlántico el conflicto intergeneracional se hizo sentir con fuerza en los 90 ya que los crecidos en esa década fueron hijos de la crisis de los años 70 y 80, hemos tenido que esperar a la segunda década del siglo XXI, y a casi un 60% de paro juvenil, para que la cuestión comience a tomar una verdadera relevancia, o al menos presencia, en nuestro país.

singles Singles, la película del grunge

A pesar de la diferencia cronológica, el sentimiento de la juventud de los años 90 era exactamente el mismo que el de la juventud actual en nuestro país, y desgraciadamente, la forma en que se ha tratado ese descontento en ambas épocas y en ambos lados del Atlántico, también ha sido el mismo. De este modo, la existencia de un conflicto que no parece vaya a ser solucionado y la posición de la juventud al respecto, ha acabado siendo utilizada por parte de las grandes empresas y poderes fácticos para hacer negocio y desprestigiar a los implicados. Así, en Estados Unidos hubo una sobreexplotación y posterior abandono de todo lo referente al conflicto intergeneracional encarnado en el movimiento grunge, mientras que en España estas prácticas tuvieron cierto reflejo en campañas publicitarias como ésta (anuncio JASP), que en su momento ‘enorgullecieron’ pero actualmente sonrojan como poco.

Para que un movimiento juvenil tenga un calado acorde con la importancia de los motivos que lo generan es fundamental contar con una banda sonora, con unos altavoces que permitan a los integrantes compartir, confraternizar y, sobre todo, sentirse comprendidos y motivados por la presencia y compañía de sus iguales. Este papel de dinamizador, de catalizador o de motor de ese sentimiento de negatividad seguido por un ansia, un deseo y un esfuerzo por cambiar las cosas lo jugó la música grunge, la cual nació en una ciudad mediana de los Estados Unidos, Seattle, que se convirtió en la capital juvenil a nivel mundial tal y como lo habían sido décadas antes Londres o París.

Seattle y el grunge como referencia para la juventud

Seattle, esta ciudad perdida en medio de ninguna parte, pero que casualmente cuenta con uno de los índices de alfabetización y cifras de estudiantes universitarios más alta de los Estados Unidos, representó esa lucha de los jóvenes por lograr su empoderamiento, siendo utilizada la música grunge como vehículo de difusión de ideas políticas y de filosofía de vida. Puede que la capitalidad de la Generación X se otorgara a Seattle por cuestiones mercantilistas, como siempre sucede, pero no podemos negar que en los últimos 15 años del siglo XX se hicieron, desde la ciudad, méritos más que suficientes para acabar siendo un símbolo para la juventud actual en todo el mundo.

seattle Disturbios en Seattle en la Cumbre de la OMC (1999)

Dos hechos fundamentales para la historia mundial contemporánea sucedieron en Seattle. Por un lado, el que hoy nos ocupa, en esta insignificante ciudad se gestó una escena musical que resucitó a la decrépita música rock y nos trajo a 4 bandas que han sido iconos del fin del siglo XX. Por otro, esta sensación de desapego, de descontento de la juventud que tomó a Seattle como capital de este sentimiento, tuvo su punto culminante en los disturbios generados en la conocida como Batalla de Seattle, en la que la jóvenes de todo el globo decidieron plantar cara, de forma infructuosa, a esa bestia que todo lo devora y deja un rastro de cadáveres allá por donde pasa, es decir, el capitalismo.

¿Por qué en Seattle?

Se han escrito muchísimas páginas con teorías al respecto de porqué una ciudad cualquiera, sin una tradición excesivamente importante en lo musical más allá de ser la cuna de Jimi Hendrix, quien salió huyendo a Inglaterra en cuanto pudo, o los progresivos Queensryche, pudo llegar a convertirse en la capital mundial del rock y el contestatarismo juvenil a finales del siglo XX.

Sinceramente, siempre he pensado que fue en Seattle pero podría haber sido en cualquier otra parte. Simplemente tenía que suceder y sucedió allí por casualidad, o más bien, por cuestiones no intrínsecas a lo cultural. En el documental Twenty, realizado por Cameron Crowe (el director cinematográfico del grunge), se dibuja como principal motivo que en Seattle viven en invierno perpetuo, con días muy fríos y lluviosos durante al menos 9 meses al año, lo cual ‘obligó’ a los jóvenes de una ciudad inmensamente aburrida y anodina a tener costumbres o aficiones diferentes de las que tenían sus compañeros de generación en San Diego o Miami.

Consecuencia de la dureza del clima y de la organización social de la ciudad, los jóvenes de la época, estamos hablando de la década de los 80, no tenían otro pasatiempo posible que reunirse con sus amigos en los garajes de sus casas y montar una banda de rock. Este hecho, coincidente con el que generó una corriente conocida como el Garage Rock (hay importantes paralelismos saltando las diferencias temporales), provocó que en Seattle se generase una dinámica escena musical underground, en la que muchas bandas muy jóvenes comenzaron a desarrollar un estilo muy particular, deudor en parte del Hardcore de Black Flag y de la pesadez rítmica del Rock de Black Sabbath.

A esta cuestión social, que podía haberse desarrollado de igual manera en Conneticut o en Ohio, hay que unir la importante labor que jugaron determinados músicos que demostraron tener cierta ascendencia sobre esa masa de talento aún por desarrollar o pulir. Veteranos como The U-Men, Melvins o los futuros miembros de Green River, promovieron una sensación de hermanamiento, de fraternidad, en la que la rivalidad existente en ciudades más grandes no tenía lugar y que fomentó la colaboración y el intercambio de ideas y de miembros entre todas las bandas locales. Fruto de ese clima fue la generación de un ecosistema ideal del que se beneficiaron todas las bandas presentes en la escena de Seattle, lo cual permitió, posteriormente, que de una ciudad tan pequeña, acabaran surgiendo cerca de 10 bandas muy importantes y 4 de ellas imprescindibles, a finales del siglo XX.

Consecuencia de esa colaboración continua, de ese hermanamiento y ese intercambio de ideas y trasvase de miembros, son las tres bandas que significaron la simiente de la que acabó apareciendo Pearl Jam. Ya os he hablado del ecosistema que las generó, ahora paso a presentaros a las tres.

Green River: el eslabón perdido del que proceden Mudhoney y Pearl Jam

Aparecieron en el año 1984 y fueron de las primeras bandas de la escena underground de Seattle, junto a The U-Men, que tuvo un impacto ‘importante, más allá del estado de Washington. Se les atribuye la creación del término grunge, con el cual calificaban el sonido sucio y pesado procedente del punk o el garage con el que se dieron a conocer. Solamente por este hecho ya son merecedores de pasar a la historia de la música, pero si a ello añadimos que de sus cenizas surgieron músicos como Mark Arm, quien fundaría Mudhoney o nuestros protagonistas Jeff Ament y Stone Gossard, la veneración a Green River debe ser una cuestión obligada.

En el sonido de Green River ya se apreciaba ese tratamiento sucio y repetitivo de las guitarras y voces junto a un tempo rítmico no tan desenfrenado como en el punk, todo ello en clara contraposición con la corriente glam que dominaba las ventas de discos en ese momento. La figura de Mark Arm fue fundamental, ya que fue su sello personal, deudor claro del Hardcore de Black Flag, quien influenció profundamente a todas las bandas de la escena, hecho que se hizo muy marcado posteriormente en su siguiente banda, Mudhoney, la cual a pesar de todo ha acabado siendo considerada como el patito feo del grunge.

Green River y sus miembros jugaron un papel fundamental para el desarrollo posterior de una escena que dominaría el mundo. Gracias a la ‘mentoría’ que sus miembros ejercieron sobre los más jóvenes y la fraternidad que desarrollaron con gente como Melvins o los ya existentes Soundgarden, la explosión del grunge estaba a punto de llegar, y la mecha la prendieron ellos.

Mother Love Bone: ¿qué habría pasado de no morir Andrew Wood?

Tras el desmembramiento de los fundamentales Green River, Jeff Ament y Stone Gossard se unieron a Andrew Wood, probablemente el personaje más carismático de todo Seattle, para formar un nuevo proyecto que tendría como eje principal lo que ya pudimos apreciar en Green River pero con un sonido más refinado (algunos dicen que cercano al Glam o el Hard Rock) fruto de la forma de ver la música por parte de Wood.

La arrolladora personalidad del vocalista y su imponente carisma lo convirtieron muy rápidamente en la figura más prometedora de toda la escena underground de Seattle, logrando que el proyecto Mother Love Bone se situase a la cabeza de un ecosistema en el que ya comenzaban a destacar gente como Soundgarden o Nirvana con discos como Bleach o Louder than Love.

El espaldarazo definitivo al proyecto fue la firma con Polygram para que la multinacional lanzara su álbum de debut Apple, hecho que convertía a la banda en la primera de Seattle en firmar con un gran sello. Desgraciadamente Wood no fue capaz de asimilar el éxito que tenía su figura y acabó muriendo por sobredosis de heroína solamente unas semanas antes del lanzamiento del primer álbum de la banda, hecho que supuso un golpe del que no pudieron recuperarse y acabó significando la disolución.

A pesar de todo ello, la figura de Andrew Wood continuó sobrevolando Seattle y actualmente está considerado como un personaje indispensable para conocer la cultura grunge y un icono fundamental de la Generación X, a la que ayudó a concebir gracias a su obra artística y lo fatídico de su historia.

Temple of the Dog: un homenaje que fue un banco de pruebas

Una vez asimilado el varapalo que dejó sin resuello a toda la ciudad de Seattle, Chris Cornell, gran amigo y compañero de piso de Andrew Wood, decidió hacerle un disco de homenaje para rendir tributo a un músico capaz de encarnar como nadie la inocencia, la rebeldía y el sentimiento de desamparo propio de los miembros de su generación.

Para dar forma a ese homenaje, Cornell decidió contar con los antiguos miembros de Mother Love Bone, Ament y Gossard, a quienes se sumaron Mike McCready y Matt Cameron, quienes de inmediato se podrían a trabajar en el proyecto Mookie Blaylock, profundamente marcados por la experiencia y el fruto obtenido en Temple of the Dog.

Como colofón, Cornell decidió invitar a un completo desconocido en Seattle para que le acompañase a las voces en el tema de presentación del disco, canción que figuraría como el primer himno grunge de la historia y una de las canciones más melancólicas y emocionantes que un servidor ha podido escuchar nunca.

Este invitado se acabaría convirtiendo en el futuro cantante de Pearl Jam y gran líder de una banda que ha encabezado la escena musical mundial en los últimos 20 años gracias a una coherencia con sus ideas y un compromiso y honestidad envidiables. La carrera de la banda estaba a punto de comenzar y ninguno de sus miembros se imaginaban lo que se les avecinaba en el futuro, ya que, como bien sabréis, la eclosión definitiva de la escena grunge aún estaba por llegar.

Obviamente no estamos aquí para hablar de todo ello sino para poner el foco en Pearl Jam. En unos días, el especial continúa con Ten, permaneced atentos.

Especial Pearl Jam en Hipersónica

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