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Grimes

El dream-pop siempre ha dado cabida a una vertiente de músicos diferentes, bohemios, ingenuos, delicados. Quizá sea esa etereidad que desprende el estilo, que requiere de una personalidad y un gusto musicales muy concretos y exclusivos de unos cuantos. Parece que la corriente ha avanzado cada vez más lejos de las oscuridades de This Mortal Coil, sin terminar de perderlas del todo, pero sí hacia lugares de luces cegadoras y recovecos umbrosos, como los frecuentados por Claire Boucher, la canadiense que se esconde tras Grimes.

Encuadrar a Grimes dentro del dream-pop es quizá la coincidencia más próxima, aunque la variedad de experimentos que pueblan sus discos podrían encajarla en tantos subgéneros como queráis inventar. Si hay algo sin lo que no sale de paseo por ningún pentagrama es su sintetizador, su mejor amigo y su mejor compañía, presente en prácticamente todo lo que plantea. El Sancho Panza perfecto para una voz que parece bajada de algún mito griego, onírica, translúcida, brillante.

La voz como centro del universo

Definitivamente, veo la voz como un instrumento: hace excelente la batería, el sintetizador, todo. La voz puede ser cualquier cosa, desde “Eh, soy Michael Jackson y ésta es mi voz icónica”, o un coro de gente que suene como el Requiem de Mozart. Mariah Carey es mi cantante favorita porque su voz suena totalmente alejada de la tierra. Ni siquiera es una voz humana; suena casi mecánica.

Desde luego, por mucho que la cite como su cantante de referencia, Grimes tiene en común muy pocos elementos, por no decir ninguno, con la Carey. Pero si hay algo obvio tras escucharla desde su debut es que la voz es el epicentro de todo su trabajo. A pesar de que ella compone sus temas desde su debut con Geidi Primes, todo en su labor gira en torno a esa voz aérea que tiene.

Geidi Primes, estrenado en 2010, fue uno de esos debuts llamativos, camaleónicos, imprescindibles del año. En homenaje parcial a Dune, su novela favorita, Grimes dedicó varios de los cortes de su tracklist a elementos del libro. Su inicio con ‘Caladan‘ ya dejaba claro que el rumbo no estaba marcado por un estilo concreto, sino que Grimes gusta de vagar, como una navegante perdida, por terrenos antojados y a capricho de donde la lleve una determinada nota.

Vídeo | Youtube

Puro placer estético, si es que puede conseguirse por entero – de nuevo, las disquisiciones filosóficas a Blogdecine. Todo vale aquí. Cualquier influencia que puedas imaginar, si tiene el apropiado grado de maleabilidad, es factible para Grimes. Desde la música oriental que se abre paso en el siguiente corte, ‘Sardaukar Levenbrech‘ – frikada -, hasta el pop de los ochenta de sintetizador y bajo más obvio en otros temas como ‘Rosa‘ y que plantean poderosos paralelos con Lykke Li.

Vídeo | Youtube

Como todo buen debut, Geidi Primes fue toda una exhibición, esperpéntica por momentos pero sobre todo, increíblemente creativa, diferente, original, inocente, divertida, sorprendente. No hay dos canciones iguales, pero sí tienen claves comunes y una personalidad patente, punto fundamental, que ha ido latiendo y perviviendo a lo largo de los dos siguientes álbumes de Grimes: Halfaxa y Visions.

La abstracción de lo privado

No puedo escuchar mi propia música cuando hay alguien más en la habitación.

Grimes es su crítica más exigente, por no decir decididamente negativa. Sus letras, espacios inconmensurables donde el sentido se pierde entre metáfora y símil demasiado alejados del objeto real como para sacar alguna conclusión, son pedazos de su vida y de su ser, grotescamente maquillados para alejarlos de sí misma lo máximo posible.

La canción ‘Vowels = space and time’ realmente soy yo escribiendo sobre el hecho de que la gente siempre se mete conmigo por no escribir canciones sobre cosas.

Algunos momentos, los más, son verdaderamente indescifrables. Pero qué importa, cuando te encuentras con cosas como este ‘Hearbeats‘. Lo figurativo está sobrevalorado.

Vídeo | Youtube

Sólo porque algo pueda no tener un significado profundamente filosófico no significa que no sea importante. O relevante.

Las feas no suelen triunfar en la música

Palabras suyas, exclusivamente. Una referencia más a la importancia que le da a la estética de la música, y en último término, a la suya propia. Porque, como hablábamos anteriormente, Grimes tiene una imagen tremendamente particular que, independientemente de gustos, es única, personal y perfectamente identificable. Una Lykke Li en tecnicolor que cambia las túnicas negras que esconden las formas por kimonos rojos de madame de burdel postapocalíptico. Entrañable juanpalomerismo.

Vídeo | NBC

Visions, su último disco, apareció a la venta a principios de este año, marcando así el tercer hito de su carrera en tan sólo dos años. Y, como algo muy poco habitual, dio un paso más, subió otro escalón en lo que a calidad, creatividad, originalidad, estilo y deliciosa inmadurez se refiere. Magnífica.

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