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Grizzly Bear

En poco tiempo, Grizzly Bear han conseguido plantarse como los más claros candidatos al siguiente salto a lo “masivo” partiendo desde lugares diferentes a lo habitual. A punto de editar su nuevo disco, Shields, el cuarteto de Brooklyn ha afianzado su posición partiendo desde un simple dormitorio y como un proyecto casero más. Hoy en Hipersónica aprovechamos para hacer el repaso discográfico antes de ese disco que se publicará el 18 de septiembre.

Los inicios de Grizzly Bear

La culpa es de las madres y los trastos que ocupan las casas de nuestros padres cuando nos marchamos. A Ed Droste fue esto lo que le llevó a retomar la música. Pese a que había nacido rodeado de músicos, pese a que había estudiado algo de guitarra en el colegio e incluso había pillado la guitarra para una mini-catarsis sentimental adolescente, nunca se había lanzado a componer con idea de algo más. Pero, un día, cuando regresó a casa después de un tiempo fuera llegó su madre y le cantó las cuarenta…

“Creo que fui a casa por Navidad y mi madre dijo algo así como “¿Te importaría llevarte esta guitarra de vuelta a Nueva York?”. La había dejado allí abandonada, en mi cuarto, y tuve que decirle que sí, que la traería de vuelta”

De aquella guitarra que volvió a Nueva York por orden materna nacieron las primeras grabaciones de un grupo que no tardaría en llamarse Grizzly Bear, el apodo de uno de los ex-novios de Ed Droste. En principio era todo sólo Ed y su guitarra y manipular pistas y cintas. 15 meses grabando canciones que, un día, Droste quiso enseñar a alguien. Ese alguien, Christopher Bear, tocaba de todo y no tardó en añadir su talento al de Droste, también su voz. Se grabaron, en principio sólo para pasárselo a sus amigos, pero éstos hicieron correr la voz de que había una banda con un debut para nada despreciable

Horn Of Plenty (2004): sueños caseros

Horn of Plenty (es un disco somnoliente, pero no ensoñador. Por mucho que las comparaciones de la época echaran mano de Animal Collective, los métodos de ambos grupos no pueden diferir más: frente al caos convertido en psicodelia folk de los segundos, el de los segundos es una dinámica más normal. Grizzly Bear son aún un dúo pero ya actúan desde el concepto de “banda”. La primeras canciones del proyecto de dormitorio de Ed se editarían más tarde en Sorry For The Delay: vistas en conjunto con las del debut, queda muy claro qué aportó la entrada de Christopher.

Del Cuerno de la Abundancia de este debut resplandecen los momentos más inquietos, los que abren vías de futuro. Es decir, Grizzly Bear no son mejores cuando cuando se miran en el slow-folk-core (’Eavesdropping‘) ni cuando se pasan al beat casi indietronico. Los lugares comunes no les encajan bien.

Al contrario, lo que funciona hasta dejar muy satisfecho es la épica a media voz de la psicodélica ‘Deep Sea Diver‘ (muy del cancionero de Sparklehorse) o el art-folk (art-pysch-folk) de ‘Don’t Ask‘. Además, ojo barro, son los Grizzly Bear más espontáneos (‘Service Bell’) los que más rápidamente se pegan a la piel, frente a los rebuscados y excesivamente meditados.

Esto va a ser una tonica habitual en el grupo, que también en su debut sabe guardar espacio a lo directamente POP (‘This Song’ es su primer intento). Se les ve, además, necesitados de una voz que los ancle al suelo, en vez de dedicarse en exclusiva a ser instrumento. Más tarde, la monumental ‘Slow Life’ que cederán a la BSO de Luna Nueva, lo demostrará de manera práctica al poner en esa posición a Victoria Legrand (Beach House).

Una banda fichando por un sello, pero no es la historia de siempre

Horn of Plenty demuestra lo importante que es para los músicos tener una escena de clubes y salas que permita tocar a grupos pequeños para un público interesado en muy diferentes partes. Ellos, Grizzly Bear, un grupo debutante, consigue sostenerse como tal y pensar en ir más allá del proyecto casero gracias a que el disco es recibido y comprado con alegría a la salida de sus conciertos.

Primero esporádicos y después en una gira completa, los directos del grupo les crean su primer gran puñado de seguidores, además de hacer que Horn Of Plenty sea reseñado en media internet estadounidense. Para entonces, Ed y Christopher ya piensan en ir más lejos, y han sumado a Chris Taylor para tener más orientación electrónica y a Daniel Rossen para sumar una nueva guitarra y más voces.

Horn of Plenty se gana además una colección de remixes, pese a que el grupo no tiene nada de electrónico. Por eso es aún más curioso que sea Warp, mítico sello del género, el que decida romper sus propias barreras y acoger a Grizzly Bear en su seno, y mimarlos y cuidarlos como si de cualquier luminaria de la electrónica se tratase.

Yellow House (2006): hermosura art-pop

Tanto que luchó su madre para que Ed se llevase la guitarra de su cuarto y, de repente, el hijo le viene con que se va a traer a su casa a sus tres compañeros para grabar su nuevo disco allí. Claro, a ella no le queda más remedio que aceptar, pero al menos se lleva el honor de que el título de Yellow House sea para recordar su hogar y el improvisado estudio.

El segundo disco de Grizzly Bear entra en la categoría de aquellos que nacen sin tener demasiado claro qué es lo que quieren ser. A diferencia de lo que ocurrió con Horn Of Plenty, esta vez no había quince meses de trabajo por detrás, sino unos cuantos bocetos (al grupo ni siquiera les gusta llamarlos demos): ideas con las que jugar los cuatro y algún amigo más, como Owen Pallet (Final Fantasy), que aporta su habitual dosis rococó a las cuerdas.

Yellow House suena a Brian Wilson, en la época Smile, cantándose nanas para tranquilizarse. El sonido es orgánico, fluido y muy superior al del debut. Las canciones son también mucho más pop: si en Horn Of Plenty no se sabía si era por casualidad o no, en Yellow House queda claro que el día que Grizzly Bear vayan a escribir un single, lo clavarán.

Bueno, en realidad, ya dan en el primer gran clavo: ‘Knife‘ quita el aliento, art-pop con armonías vocales de los Beach Boys, ritmos sixties y un toque de desgana veraniega. Es una canción fabulosa, sin igual en el disco y aún entre lo mejor de su carrera, que además llegó acompañada por un gran video.

Junto a ‘Knife‘, Yellow House tiene espacio para otras cumbres como ‘On a Neck, On a Spit‘, folkie pero experimental al estilo Wilco etapa O’Rourke. O cortes como la inicial ‘Easier‘, apertura que define muy bien quiénes son y qué tocan Grizzly Bear, o ‘Plans‘, más intrincada, más cerebral, más… Veckatimest.

Antes de dar ese paso, Grizzly Bear deciden pararse en un EP, Friend, que mira a sus propias canciones y a las de otros sin pensar demasiado en ellas. Y les queda bien: Friend sirve para enseñarnos cómo les suenan en su cabeza clásicos como el ‘He Hit Me (And It Felt Like a Kiss’)‘, pero también para dar espacio a amigos como Band Of Horses, Atlas Sound o CSS y que toquen ‘Knife‘ o ‘Plans‘.

Veckatimest (2009): mi síndrome de Stendhal

Entre Yellow House y Friend, Grizzly Bear son ya un nombre que no deja de crecer. Telonear a Radiohead y que Johnny Greenwood les piropeé desde el escenario es la guinda, y deja a mucha más gente que nunca expectante por lo que pudiera ocurrir con ese “grupo recomendado por Radiohead”.

Pero no es hasta mayo de 2009 cuando llega Veckatimest. Esta vez al estudio no se llega con bocetos. De hecho, se le da más importancia a la orientación previa, ya que el grupo busca de manera deliberada una orientación más pop. Además, se confía en una mano externa para dar el último toque a las canciones. Nico Muhly mete mano a varias de ellas para llevar aún más lejos los arreglos de cuerdas, también los vocales.

En esa parte vocal también dejan que entren otras voces: Victoria Legrand, por ejemplo, es quien da lustre a los coros de la fantástica ‘Two Weeks‘, single clarísimo del disco y hit inapelable, que llega incluso a saltar a la publicidad dejando muy claro lo accesibles que pueden ser Grizzly Bear.

Veckatimest es una isla costera del estado de Massachusetts, uno de esos lugares donde, por lo que se ve en las fotos, el tiempo parece haberse detenido y no hay hoteles, chiringuitos, humanidad, solo arboles y vegetación. El disco que quiere honrar a esa isla es también frondoso y bello, dando lustre a todos los defectos anteriores de Grizzly Bear, si es que eran defectos (que no lo creo).

Se acentúa el falso dream-Pop, el pop de cámara y la intimidad prog-pop. ¿Os dais cuenta de que en este disco todo es ya pop con etiqueta? El folk ya no se desnuda ni siquiera cuando nace: ‘Southern Point‘ tenían que tenerla en mente así antes de poner todos los mimbres para que se hiciese realidad. Pese a querer ser ligeros, ni ‘Cheerledader‘ ni ‘While You Wait For The Others‘ consiguen del todo sacarse de encima cierta frialdad que no debería sonar en el pop emocional. Quizás sea yo, quizás sea el síndrome de Stendhal que me provoca este disco.

Veckatimest es un éxito, pero, a la vez, creo que se puede mejorar. No es uno de esos discos con los que ves que ya un grupo ha llegado a su cumbre. Los adelantos de Shields, además, abren caminos nuevos. Es absurdo no confiar en ellos tras este recorrido por discos espléndidos (y una banda sonora, Blue Valentine, publicada en 2011 con canciones suyas y de Department of Eagles, el otro grupo de Daniel Rossen).

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