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La Costa Brava

La vida en cinemascope. La costa azul. La Costa Brava. La costa amalfitana. Alfa Romeo. La música. Las drogas. El láser. Las minifaldas. La camarera. Los gin-tonics. Los falsos mitos sobre la piel y el cabello. Todos los veranos de nuestras vidas. Sergio Algora, Fran Nixon y todos los demás no sabían hacer grandes discos, pero sabían hacer grandes canciones. Porque ellos entendieron que en el pop lo único importante eran las canciones. Porque ellos se juntaban y tocaban tal y como les apetecía. Sin pretensiones. Sin ambiciones. Natural, fácil, directo al corazón. Bang, bang.

Canciones que no son una oda a la frivolidad

Al contrario de lo que pueda parecer, ‘Adoro a las pijas de mi ciudad’ no es una canción frívola. “Es verdad, las adoro”, confesó una vez Fran Nixon, en una revista especializada cuyo nombre no recuerdo pero que, a buen seguro, también sería acusada hoy en día de un montón de cosas nada positivas. Como el propio Fran. La Costa Brava no era un grupo cínico. Sus canciones hablan de sentimientos de verdad. Verdades universales (y por tanto falsas). ‘Adoro a las pijas de mi ciudad’ es un himno generacional precisamente porque no es frívola: ¿y quién no las adora? Nosotros tenemos amor. Ellas tienen dinero. ¿Cuántas cosas podéis comprar con amor, eh, cuántas cosas podéis comprar con los pedacitos de corazón que se escurren entre vuestras manos cuando os lo parten en mil fragmentos?

Nada. No os queda nada.

Canciones que no son suyas, pero que podrían serlo

The Flaming Lips hablan de científicos que buscan salvar el mundo y que, en su obcecada competición, podrían perderlo todo. El Niño Gusano hablaban de venas ardiendo y chicos de la noria con el pelo de colores. En algún punto ideal, Sergio Algora y Wayne Coyne se cruzan y nace ‘Dos Científicos’, la versión de La Costa Brava de ‘Race for The Prize’. Es la versión perfecta. Y si no lo es dejadme que lo piense. Tan sólo un acompañamiento acústico y, pum, La Costa Brava se sacan de la manga una canción gigantesca que no es suya, pero que podría serlo perfectamente.

Dos científicos luchan por salvar la humanidad
luchan juntos los dos
se han vuelto locos

Dura es la batalla
para vencer un gran dolor
si no hay solución
si están perdidos

Llegarán a lo más alto
sólo cuando si están muertos
lejos

(suspiro)

Canciones para estrellas del pop y del fútbol

La Costa Brava también se sumergían en la cultura popular para sacar grandes canciones. ‘El cumpleaños de Ronaldo’ no hablaba del cumpleaños de Ronaldo, sino de todas aquellas chicas que allí acudían con esperanzas y de allí volvían sin nada. Absolutamente solas, desangeladas, muertas de frío y de miedo. Conténtate con un buen muchacho, cantaba Fran Nixon a una de las tantas muchachas a las que dedicó sus canciones. Además, el mejor punteo de guitarra de toda su discografía está dedicado a Beyoncé, con quien fantaseaban en ‘Canción para Beyoncé Knowles’, escribiendo en la pizarra frases de amor que, por supuesto, jamás irían para ella, sino para la chica de al lado.

¿Cuántos caben en vuestro corazón? En los suyos cientos. Miles.

Canciones para mundos que no valen la pena

¿Cuánto vale vuestro mundo? El de La Costa Brava dependía del día y del disco. Velocidad de Crucero fue el último que publicaron, y fue el primero en el que había cierta consistencia sonora. Los sesenta, las guitarras amables, auténticas gemas pop. ‘Te lo cambio por un mundo donde no valga la pena’ es el amor más puro y más ingenuo, el que interpretaréis mal noventa y nueve veces de cada cien, el que será acusado de (micro)machista, el de quien busca y no encuentra, el que es naïf y no recurre a lo melodramático. Un amor que, a veces, no vale la pena. Un amor incomprensible. Un amor para el que no merecen la pena mundos donde todo esto importe.

Canciones para vivir muerto y soñar despierto

No soy capaz de cuantificar cuántas noches me he dormido con los cascos puestos. Afortunadamente aún estoy vivo, pero eso no siempre sucede en las canciones de La Costa Brava. La muerte tampoco debería ser un motivo para no ser feliz. Al contrario, ‘Nadie sabía que estaba muerto’ es una perfecta oda a los no vivos, a quienes disfrutan de su vida no sólo entre los muertos, sino entre las nubes. No hace falta morir para sentirse muerto. A veces desaparecer, como ya decían Los Planetas, es importante. Aunque esta vez la única desaparición que importa es la nuestra: puede que vuestro gran amor no se encuentre en el reino de los vivos y que tengáis que salir, de una vez por todas, volando.

Canciones de ruptura, de playas y de montañas

La Costa Brava es un destello de alegría tras otro, pero de tanto en cuanto se cuela la amargura entre sus finas costuras pop. Sergio Algora logró colar la canción de ruptura perfecta en Llamadas Perdidas, seguramente el mejor disco del grupo. ‘Mi última mujer’ podría ser vuestro último hombre. No importa. La Costa Brava podrían acompañaros allá donde deseéis estar, siempre que sea lejos, muy lejos, de vuestra última mujer. Esta es una canción para seguir enamorado y sentir toda la abrumadora, honda y pesadísima carga de no poder colmar tan desmesuradas expectativas. Para cambiar de vida. Para llamar a la chica del piso equivocado. Para fabricar recuerdos perfectos. Para empaparse de melancolía y llorar riendo.

Canciones para no tener miedo

Llegados a este punto, sólo deben hablar ellos.

Estaba destruida y ahora es tan feliz
lo que menos le gusta es que la hagan reír
y sus padres y hermanos de chupa en el cuello
los chicos del barrio le rompen los sueños
no hay que cerrar las heridas si hacen sufrir

No siente dolor, no tengas dudas
es un mal menor, no tengas dudas
No siente dolor
a veces tiene dudas

No siento dolor, no tengas dudas
es un mal menor, no tengo dudas
No siento dolor
a veces tengo dudas

Y romper a reír. Y romper a sufrir. Y romper a recordar. Y romper a llorar. Y a beberse todas las lágrimas. Otra vez.

La Costa Brava en Hipersónica

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